Anónima Navidad

Despierta con una congoja creciente, con taquicardias, sudando copiosamente. Se alza de la cama con la canosa barba aplastada del lado derecho, al igual que su pelo, enmarañado, gris, sucio. Ha vuelto a soñar con ciudades donde las ilusiones se pudren en alfombras tejidas a mano, en donde los adoquines húmedos sólo relucen con las llagas de la impiedad. Siempre el mismo sueño. Siempre la misma marabunta de gente que se agolpa y persigue buscando, tratando de alcanzar durante un instante lo que él trae, oculto, no sabe bien dónde, algo que nada más despertar olvida, como una palabra ajada en la punta de la lengua y que se obstina en no salir.

Y sin embargo, una extraña determinación brilla en sus ojos, como diamantes azules encendidos, durísimos. Un residuo, en el fondo, de la piedra angular de un nuevo mundo. Y él sólo puede ver las luces, las balaustradas multicolores, y el camino empedrado de oro y brillantes. Abrumado por ese pensamiento esquivo, que como una foto móvil se presenta y no cede al chantaje de dejarse tocar, continúa su parsimoniosa costumbre de vivir por vivir. De momento. Porque la esquirla no cede, sigue hundida en su guarida durante el día de igual forma que se manifiesta en todo su esplendor durante la noche.

Prácticamente ya tiene todo el plan concebido. Sólo necesita dar los siguientes pasos, los más significativos que trascienden el momento del pensamiento a la acción, del universo de las hipótesis al de la ejecución. Se sienta en su despacho, delante de su portátil. Tiene una cita, pero no una cita convencional. Lleva meses navegando por la red oscura, la DarKnet donde ha tratado de encontrar a gente que pueda llevar a término su idea. Lo que va a proponer es ilícito y como tal, sólo puede ser llevado a cabo por gente dispuesta y acostumbrada a traspasar a menudo esa línea.

Un lema aparece en la pantalla:

El conocimiento es libre.

Somos Anónimos.

Somos Legión.

No perdonamos.

No olvidamos.

¡Espéranos!

Anonymous no es un grupo de hackers convencional ni organizado. Va a tratar de sembrar en las manos de unos desconocidos la semilla de un plan que tambalee los oscuros sótanos de la codicia humana.

La videoconferencia se realiza a varias bandas. Espera durante unos minutos a que diferentes personas, hasta un máximo de ocho se terminen de conectar desde distintas ubicaciones en el mundo. Todos ellos llevan sus máscaras identificativas de V de Vendetta, la obra de Alan Moore, que sirve de símbolo de insurgencia a este grupo.

Su discurso, elaborado, preciso, emocional, llega como enredadera, raíz que se asienta en los corazones y las conciencias de todos ellos con perfecta sincronía y naturalidad, como si todos ellos hubieran estado esperando ese único momento que enlaza con todo su pasado y les da sentido. Las palabras, escogidas, invencibles, llevan una fuerza que encienden una llama apasionada de ilusión que en seguida cobra vida.

Lejos de permitir que se desboque en una fatua alegría, esboza primero su plan, preciso, contundente, sistemático y entonces deja caer sus instrucciones en cascada, distribuyendo un orden natural en los acontecimientos que todos asumen como inevitables, como partícipes de la sangre que corre por las venas del destino. Van a hacer historia. Y lo saben.

Les ha hecho llegar información precisa de cuentas multimillonarias en diversos paraísos fiscales: Islas Vírgenes, Bermudas, Gibraltar, Islas Caimán y otras muchas. Los datos son descomunales, pero en todos ellos distingue las cuantías más altas, aquellas que provengan de lavado de dinero negro, del narcotráfico, de la trata de blancas, de cualquier actividad ilícita que cualquiera pondría en una lista en los primeros puestos por ser repugnantes o abominables. Y en todos los bancos señalados, incluye una reseña, un punto débil, un acceso vulnerable por el que entrar.

Lleva años preparando este momento, porque previamente ha ido suministrando cierto hardware que se ha instalado en todos esos bancos y que se activarán en el momento preciso, un troyano que permita la entrada de algo mucho más grande y reescriba las propiedades de las cuentas y redistribuya el dinero. Sonríe y piensa que una revolución no es revolución si no va  acompañada del sentido de la justicia.

Anonymous no sólo creará el virus que infecte las cuentas, sino que reclutará a cientos, miles de hackers que actúen durante la misma noche y activen el virus que permita acceder y saquear de forma simultánea esas cuentas millonarias. A partir de ahí se crearán otras tantas cuentas opacas en otros tantos paraísos financieros que sirvan de instrumento a la distribución del dinero.

Múltiples organizaciones dedicadas a la reconstrucción de sus ciudades y sus pueblos por catástrofes naturales como terremotos e inundaciones recibirán donaciones misteriosas al día siguiente. Millones de personas humildes en todo el mundo recibirán a su vez una parte proporcional de ese dinero negro que durante un día sirva para iluminar el mundo como nunca se ha iluminado hasta la fecha.

Todo el mundo será consciente de lo sucedido, pero las organizaciones mafiosas o políticas o ambas cosas de todo el mundo serán incapaces de declarar que les han robado por temor a represalias judiciales sobre el origen de ese dinero. El resto de organizaciones criminales empezarán a mover y hacer florecer ese dinero negro que no haya sido alcanzado aún por temor a sufrir el mismo destino haciendo que todo ello desemboque en una catarsis financiera y humana.

Y todo sucederá en Nochebuena, como símbolo de una buena nueva en todo el mundo. Anonymous denominará el virus como Navidad, en honor a ese día que dará nacimiento a una nueva revolución en la que brille durante un instante la justicia y los ojos de la gente humilde se iluminen con los regalos inesperados de la noche anterior. Nadie olvidará nunca esa noche como una de las más grandes de su vida.

Y él podrá soñar con árboles multicolores, con dulces de todas clases, con alegría desbordada, con las sonrisas y risas aladas de niños y adultos felices, que pueda servir para sembrar una ilusión largamente olvidada, la semilla de una esperanza que renazca y permita pensar en un mundo mejor.

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Microrrelato – El árbol

Ahora que todos los poetas duermen me he sentado, alma contra alma, en tu tronco. Vuelvo a mis raíces, buscando el sutil abrazo de tus ramas tiernas, el bello aroma de las hojas que se mezclan en un nocturno canto. Apuesto mi vida entera a que puedes escucharme, a que el arrullo del viento que danza en tu copa me habla y me seduce con su murmullo.

Aquí te conté mis secretos, de niña ajada y rota, de lágrimas bruscas, de señales y cicatrices que como a ti, adornan tu corteza como un pespunte hilvanado de risas con tristezas. Vacilante adolescente que siempre volvía a buscarte, a contarte mis andanzas de corazón impreciso y desnudo, en los nombres de amores ocultos al mundo. En el perfume de mis ansias se asentó un lucero de esperanza baldía, verde profundo, como tu copa que estremecida aguantaba mis proclamas con estoica y cristalina paciencia.

Y ahora, ya madura, ya convertida en deseo, en flor de lava, en madre, en aurora ardiente que mira a tus hojas como se mira al cielo, te estrecho y me desnudo de nuevo el alma entera, y mis palabras, ya sin prisa, ya sin el quebranto del destello de ninguna duda se despiertan de nuevo y se presentan ante ti como una hilera de negras hormigas que suben hasta tocar el cielo que tú siempre rozas. Y me miras y te siento velar por mí como siempre has hecho. Y pienso, ahora sí. Ahora sí, mi árbol. Ahora sí que puedo.

Desenlace

He roto lazos con lo previsible

pues me muevo en tierra de nadie

como un ángel invisible

que lo ve todo y nada sabe.

Y todo lo que existe no es todo lo pensable:

cabe todo en tu mirada

y eso me hace vulnerable

a cada palabra hecha carne,

a cada enigma sublime

madre de mis sueños,

sangre de mi sangre:

¿cometa en tránsito

o estrella fija?

¿abismo en duda

o cielo que arde?

¿Quién sabe?

Rectilíneo, mi camino es lento;

improviso, pero no pretendo

pararme ni un momento

delante de tu imagen.

Y los días van recobrándose

con celeridad de esperanza

con infinitos que renacen,

con un azul de mañana,

¿ficción invasora

o simplemente arte?

¿reflejo del instinto

o reflejo del instante?

¿Quién sabe?

A ciegas me entrego,

placer de vuelo:

desenlace.