¿noble o ingrata?

Aquí os dejo un soneto especular, que no espectacular. Se puede leer de arriba hacia abajo y viceversa.

¿será más de persona noble o ingrata?

andar o desandar en rumbo inverso

propio de navegantes de universo

en constante expansión en su gran lata

para llegar triunfante se desata

se deshace con juramento en verso

que nadie entiende pues está disperso

cuando hace sinfonía o ya sonata

la voz es verbo que renace inmerso

dentro del alma del juglar perverso

al llorar o reír, revive o mata

al que es del mismo clan o del adverso

trata igual al análogo o al diverso

¿será más de persona noble o ingrata?

Niña piedra

Niña piedra, niña oscura,

orilla del abismo donde tus cuervos lloran,

tránsito inequívoco de las dudas de la memoria,

nadie sabe quién eres,

nadie sabe por qué te torturas,

nadie sabe de tu sonrisa triste,

solo quieren ver tus pedazos,

echar sal en tus ruinas,

a tus sueños clandestinos

de fantasmas y naufragios.

Niña piedra, niña oscura,

arrecife donde las esfinges

guardan la sangre derramada de sus derrotas,

nadie sabe quién eres,

¿quién eres?

Eres la herida

y el vientre helado

y el relámpago abstracto

donde rompe la espuma,

el milagro de la luna

donde los lobos se miran y aúllan.

Eres el reflejo de la otra cara de la lujuria,

donde unos labios se imaginan

y se desprenden sudando

buscando en esta jaula a su musa.

No saben que en tus ojos tristes,

en tus enormes ojos hay una música

que esconde el lenguaje de tu locura,

una batalla que hace tiempo que venciste

y una herida que aún supura,

a destiempo, siempre a destiempo,

pero que algunas veces dejas abierta

adrede,

quizás porque si la cierras del todo,

dejes de ser quien eres.

En la boca un pájaro colmado

En la boca un pájaro colmado,

alas blancas a contraluz del paisaje

que contagia con su canción

la canción universal del mundo

en el derroche viajero

que da la libertad del aire.

Escúchalo en el silencio,

en ese silencio de cristal

que ríe y que llora a partes iguales:

hay una revelación

en su trino desnudo

que a veces es todo

y a veces es nadie.

Vino porque se cansó del cielo,

vino porque se cansó de esperarte,

miró con el alma suspendida

y con un hilo de velocidad

se dejó caer hasta tus ojos

se dejó caer

para amarte.

Junio siempre vence

“Junio siempre vence”

−me dijiste−

como si volvieras del fondo de un océano invisible

y tus palabras salieran a la superficie,

húmedas de ese fondo marino.

“Una vez atravesé tres meses

buceando bajo sus días”.

Y yo te imaginé salina,

emergente, empapada y dulce,

como una sirena que busca sus piernas suicidas.

“En breve me volverán a crecer los dientes.”

Sí, y volverás a morder las calles, las aceras,

el ritmo frenético del tráfico en una operación salida.

Pero ¿y si entonces… ya no temieras perderte?

¿Y si dejamos en los vestíbulos desiertos

todas nuestras heridas?

¿Y si dejamos que nos crezcan las alas

encima de las espinas?

“Junio siempre vence”

−me repetiste−

y bailaste a la intemperie

de los sueños en ruinas

con una implacable sonrisa

como una consigna de vida.

Mística poética

Háblame con insólita retórica,
espíritu nómada de mi oráculo en juego,
rómpeme vandálica cualquier obstáculo,
anúnciate a término utópica en sueños.
Sálvame con química filantrópica
de tu físico, vesánico espectáculo de fuego,
donde mis teóricos tentáculos
derrítanse en tu estética de distópicos versos.
Tiéntame con tu máscara magnética,
idílica luciérnaga, magnífica de mágicos cielos,
ámbito púrpura en cuántica ética,
susúrrame versículos, oceánicos a cientos,
pátina dulcísima de titánica poética,
bellísima cómplice, llévame caótica
al éxtasis líquido de selváticos anhelos.

Echando raíces en la hegemonía de las sombras

Sé que podría hacerlo, que podría crecer en sentido inverso, hacia dentro, echando raíces en la hegemonía de las sombras, y trepar por la lluvia como un depredador en celo. ¡Abrid! ¡Abridme las puertas! Diría al llegar al centro, allí donde mis principios itinerantes brotan, allí donde las piedras más grandes de mi alma tienen escondidas sus derrotas. ¡Abrid! Despojadme de mis pretextos, de mi desvencijada y atónita cordura. Dejadme a solas en esta invasión derrochadora donde las emociones moran junto a mi locura, donde el enemigo de la infelicidad flota, dotado de la ingravidez de una balanza sin memoria. ¡Abrid! ¡Os lo ruego! Dejadme por una vez ser invisible, intangible al desaliento y a la amargura. Sé que puedo hacerlo, que puedo seguir creciendo, que ahí dentro brota una esperanza instigadora, y no sé por qué, os hallo con una sonrisa, hermanados en la euforia de esa línea imprecisa que es la promesa de vida que augura un encuentro.

Así tu luz

Así tu luz —aquí se pliega—

en este hueco gris de turbios designios,

—aquí se cuela—

donde el viento no llega,

donde mis palabras hacen nido y sombra,

en esta raíz de polvo, de nada,

aquí tu boca,

aquí tus besos,

aquí tus gestos de verano

donde mi vida se doblega

—ya por fin renunciando—

a todos esos recuerdos que los años dieron forma.

Así tu voz —aquí me libera—

en estos dominios,

dantesco infierno que me conforma

—aquí te entregas—

donde mi hambre es un rumor de hojas muertas

aquí tu piel,

aquí tus ojos como ventanas abiertas,

aquí tu amor con olor a carmín

y a Chloe, y a trémula y limpia arcilla dispuesta.

Coge lo que quieras,

haz leña de mis demonios

y préndeles fuego después de mirarlos de cerca.

Así tu luz —que aquí se pliega—

me arda dentro

y en mi osario, oscuro centro

me encuentres y le des la vida,

a esta, mi alma tan rota y tan ciega.

Amanecer

Sobre esa madrugada de sombras

rompen los astros,

vienen a morir sin tregua

en los brazos de la aurora,

que sangra en luz ascendente

pidiendo audiencia.

¡Esa boca que sube!

¡Ese destello valiente!

Cincel de brillo ciego,

horizonte de rayos, veleros

ya colmados de noche

piden hacerse cuerpo,

piden ser verdad.

¡Hijos de la tierra y el cielo!

¡Venid! ¡Tocadme!

Echadme vuestro cálido aliento,

vuestra alegría invasora,

vuestro intangible fuego.

El brindis

Dejadme que brinde hoy por los atrapasueños,

por los delirios que resplandecen en los ojos de las lechuzas,

por la raíz del dolor

y los años roncos que me partieron por la cintura.

Por los decibelios que encontraron cobijo en mis huesos,

por la tristeza azul de tus ojos y la sonrisa permanente en las venas,

por el viento famélico que me tortura por las noches,

por los momentos revestidos de deseo,

por las ojeras que me trajo noviembre

y por los destellos de plata y ocre de enero.

Por las esclusas que debo pasar para verte,

por los relámpagos en mi sangre que como luces de neón

siempre suben la montaña en busca del trueno.

Por tu padre, por tu madre, por tus hermanos y por tus hijos,

por todos los ríos, por todos los desafíos,

por todos los desniveles del mundo entero,

por todo el calor consumido y por el frío.

Por las horas que se acaban y por las que nunca llegaron,

por las que nacen sin que sepamos por qué ni cuando,

por los que siembran cielos azules en grises cielos,

por las dudas, por las certezas,

por el amor que nos une,

por las humildes grandezas que después de años

nos siguen acompañando en nuestro camino.

Por todos los sueños que desearíamos ver cumplidos,

por las bienvenidas, por las despedidas,

por los daños, por las heridas que escuecen

y por aquellas que hace tanto tiempo cicatrizaron.

Dejadme que brinde hoy por la vida,

por tu vida, por mi vida, por nuestras vidas,

que un día se entrelazaron y aquí siguen

dándolo todo en este brindis para que recordemos

que este momento es simplemente perfecto

y que para vivir no hay secretos,

que en la mía ya solo hay cabida,

para toda la gente que quiero.