Vivirte en este sueño

Vivirte en cada tramo de este sueño
que nos enseña y deshace en mañana
es dejar el vacío, eternidad, nirvana,
es matar todo el tiempo y a su dueño.


Morir en tus brazos en cada destello,
es sellar a muerte la vida y las ganas
de desvivir lo vivido en esta batalla
por volver a revivir con todo empeño.


Encadenarme al hoy de tu reflejo
ni vacilar nunca ante las brasas,
quemarme por ti en cada reto,
buscar con furia tus entrañas,
es rasgar la vida en cada ensueño,
es ser tu compañero y tu alimaña.

Una sola palabra

He creado sueños inanimados,

estáticos en la palabra

mas no por mucho tiempo.

Los sacaré de su estado

cuando llegue el extremo

invulnerable a la nostalgia

que vive en el filo de la hoja

rebosando consciencia de enemigo,

enemigo de mediocres.

Tanteará las sombras

que la memoria sujeta

y dará brío a las estaciones

que esperan la llegada de mi nombre

para luego dar caza a las horas muertas

que volverán a morir a voces.

Pensamiento proscrito en mate

llegará antes de que la noche acabe

para echar al río herencias anteriores

de reyes enterrados por el hambre.

Una sola palabra cerrará el debate

de fuego y rosas,

de llanto y baile.

Una sola palabra vendrá cosida al aire,

oscilando,

como un bocado difícil de tragar,

como una aleta dorsal

surcando el cielo a tu alcance.

Para ser grande primero tienes que aprender a ser pequeño

Qué extraño es este mundo que devora

los pactos de sangre, los amigos reales,

cada guirnalda y cada premio que vale

el tiempo, el sueño y la demora,

por alcanzar la inalcanzable hora

del recuerdo imborrable que arde

en un instante de grandeza y hace

de este siervo honrar la memoria

del humilde cuya figura se entrona,

en un gran trono imparable,

que cuanto más pequeño más grande,

es el momento de ser más persona

es el reto de ganar a la historia,

después de muerto, perdida la sangre

y echado el resto sobre la carne

del olvido y de toda la escoria

que sólo quiere un momento de gloria,

mientras el esclavo se hace sable,

y clava un rayo en el cielo salvaje

y corta el tiempo mientras entona

un cántico, un aleluya que enarbola

un canto de esperanza que hable

de los desheredados que parten

de los miserables que  cortan

el futuro a pedazos, no las sobras,

sino la vida entera y tan grande,

desde abajo, desde la nada importante,

en cada momento, verso y estrofa.

̴ Insomnio ̴

Áspero insomnio que duele a mi verbo,

a mis inacabados laberintos,

inciertos, blasfemos de polvo y espino,

ávidos de memorias y universos.

De tanta luz se desprendió el sentido,

de tanta bruma se malogró el reto

de sentirte, ardiente, con tu peso,

como parte de mi alma y mi destino.

Ya no quiero recorrer tu agonía

de alcoba vacía, de eterna sombra,

de copa derramada y tinta fría.

En esta hora de madrugada sobria,

de fiera tregua, de sangre precisa,

mi corazón devorará tus dogmas.

Mis manos

Entre una intensa niebla

se dieron al mundo

y todo fue fugaz

como un sueño,

pero no de agua,

si no de llama,

no de pan,

si no de cielo.

¿Y qué significó todo ello?

¿Un ensayo de futuro?

¿Descanso, inciso,

señal o signo

de lo que nunca tendré?

Poco o mucho han vivido,

y aún palpitan en mi regazo

pidiendo sentirse vividas,

huir hacia un desorden olvidado,

como de estrellas,

como relámpagos.

Obedecen una voluntad

que vive por detrás de mí,

mucho más allá,

voluntad de tierra,

voluntad de sol,

voluntad del descanso

que solo da la materia.

Anónima Navidad

Despierta con una congoja creciente, con taquicardias, sudando copiosamente. Se alza de la cama con la canosa barba aplastada del lado derecho, al igual que su pelo, enmarañado, gris, sucio. Ha vuelto a soñar con ciudades donde las ilusiones se pudren en alfombras tejidas a mano, en donde los adoquines húmedos sólo relucen con las llagas de la impiedad. Siempre el mismo sueño. Siempre la misma marabunta de gente que se agolpa y persigue buscando, tratando de alcanzar durante un instante lo que él trae, oculto, no sabe bien dónde, algo que nada más despertar olvida, como una palabra ajada en la punta de la lengua y que se obstina en no salir.

Y sin embargo, una extraña determinación brilla en sus ojos, como diamantes azules encendidos, durísimos. Un residuo, en el fondo, de la piedra angular de un nuevo mundo. Y él sólo puede ver las luces, las balaustradas multicolores, y el camino empedrado de oro y brillantes. Abrumado por ese pensamiento esquivo, que como una foto móvil se presenta y no cede al chantaje de dejarse tocar, continúa su parsimoniosa costumbre de vivir por vivir. De momento. Porque la esquirla no cede, sigue hundida en su guarida durante el día de igual forma que se manifiesta en todo su esplendor durante la noche.

Prácticamente ya tiene todo el plan concebido. Sólo necesita dar los siguientes pasos, los más significativos que trascienden el momento del pensamiento a la acción, del universo de las hipótesis al de la ejecución. Se sienta en su despacho, delante de su portátil. Tiene una cita, pero no una cita convencional. Lleva meses navegando por la red oscura, la DarKnet donde ha tratado de encontrar a gente que pueda llevar a término su idea. Lo que va a proponer es ilícito y como tal, sólo puede ser llevado a cabo por gente dispuesta y acostumbrada a traspasar a menudo esa línea.

Un lema aparece en la pantalla:

El conocimiento es libre.

Somos Anónimos.

Somos Legión.

No perdonamos.

No olvidamos.

¡Espéranos!

Anonymous no es un grupo de hackers convencional ni organizado. Va a tratar de sembrar en las manos de unos desconocidos la semilla de un plan que tambalee los oscuros sótanos de la codicia humana.

La videoconferencia se realiza a varias bandas. Espera durante unos minutos a que diferentes personas, hasta un máximo de ocho se terminen de conectar desde distintas ubicaciones en el mundo. Todos ellos llevan sus máscaras identificativas de V de Vendetta, la obra de Alan Moore, que sirve de símbolo de insurgencia a este grupo.

Su discurso, elaborado, preciso, emocional, llega como enredadera, raíz que se asienta en los corazones y las conciencias de todos ellos con perfecta sincronía y naturalidad, como si todos ellos hubieran estado esperando ese único momento que enlaza con todo su pasado y les da sentido. Las palabras, escogidas, invencibles, llevan una fuerza que encienden una llama apasionada de ilusión que en seguida cobra vida.

Lejos de permitir que se desboque en una fatua alegría, esboza primero su plan, preciso, contundente, sistemático y entonces deja caer sus instrucciones en cascada, distribuyendo un orden natural en los acontecimientos que todos asumen como inevitables, como partícipes de la sangre que corre por las venas del destino. Van a hacer historia. Y lo saben.

Les ha hecho llegar información precisa de cuentas multimillonarias en diversos paraísos fiscales: Islas Vírgenes, Bermudas, Gibraltar, Islas Caimán y otras muchas. Los datos son descomunales, pero en todos ellos distingue las cuantías más altas, aquellas que provengan de lavado de dinero negro, del narcotráfico, de la trata de blancas, de cualquier actividad ilícita que cualquiera pondría en una lista en los primeros puestos por ser repugnantes o abominables. Y en todos los bancos señalados, incluye una reseña, un punto débil, un acceso vulnerable por el que entrar.

Lleva años preparando este momento, porque previamente ha ido suministrando cierto hardware que se ha instalado en todos esos bancos y que se activarán en el momento preciso, un troyano que permita la entrada de algo mucho más grande y reescriba las propiedades de las cuentas y redistribuya el dinero. Sonríe y piensa que una revolución no es revolución si no va  acompañada del sentido de la justicia.

Anonymous no sólo creará el virus que infecte las cuentas, sino que reclutará a cientos, miles de hackers que actúen durante la misma noche y activen el virus que permita acceder y saquear de forma simultánea esas cuentas millonarias. A partir de ahí se crearán otras tantas cuentas opacas en otros tantos paraísos financieros que sirvan de instrumento a la distribución del dinero.

Múltiples organizaciones dedicadas a la reconstrucción de sus ciudades y sus pueblos por catástrofes naturales como terremotos e inundaciones recibirán donaciones misteriosas al día siguiente. Millones de personas humildes en todo el mundo recibirán a su vez una parte proporcional de ese dinero negro que durante un día sirva para iluminar el mundo como nunca se ha iluminado hasta la fecha.

Todo el mundo será consciente de lo sucedido, pero las organizaciones mafiosas o políticas o ambas cosas de todo el mundo serán incapaces de declarar que les han robado por temor a represalias judiciales sobre el origen de ese dinero. El resto de organizaciones criminales empezarán a mover y hacer florecer ese dinero negro que no haya sido alcanzado aún por temor a sufrir el mismo destino haciendo que todo ello desemboque en una catarsis financiera y humana.

Y todo sucederá en Nochebuena, como símbolo de una buena nueva en todo el mundo. Anonymous denominará el virus como Navidad, en honor a ese día que dará nacimiento a una nueva revolución en la que brille durante un instante la justicia y los ojos de la gente humilde se iluminen con los regalos inesperados de la noche anterior. Nadie olvidará nunca esa noche como una de las más grandes de su vida.

Y él podrá soñar con árboles multicolores, con dulces de todas clases, con alegría desbordada, con las sonrisas y risas aladas de niños y adultos felices, que pueda servir para sembrar una ilusión largamente olvidada, la semilla de una esperanza que renazca y permita pensar en un mundo mejor.

Cavernícola

No por el placer de tenerte

o de perderte,

por el precio de la prisa,

o de la ambición,

de desconocer que una caricia

hace más estragos

que una flecha al corazón.

Enigmática hembra,

fúgate conmigo a respirar café

en tragicómica apariencia,

que estoy anémico de tu cariño,

de tu resplandor subversivo,

con el que unges a quien se acerca

como adoradores al sol.

Y este indómito cavernícola,

que apenas puede soñar con tu voz,

se deshace en la concupiscencia,

en las sensuales muestras que dejas

como las migas abandonadas

en aquel cuento atroz

y de repente se despista

y no encuentra ni rastro de tu huella,

ni rastro conspirador

que me mantenga alerta

y devuelva un atisbo de esperanza

de esa caricia malsana

de un beso que lleve tu sabor.

Quédate conmigo un segundo,

por favor,

antes de que el mundo se marchite

y que yo mismo deje de ser yo.

Déjame desgarrarte el alma a besos,

enraizarme en las grietas y en las ramas

de tu árbol generoso de llamas cálidas

y déjame treparte alrededor,

de tus piernas desde abajo,

de tus muslos en flor,

y déjame devorarte entera

que seguiré subiendo por tus brazos

para llenarte la boca y la vida

de este invasor destinado

a incendiarte y liberar tu corazón.