Junio siempre vence

“Junio siempre vence”

−me dijiste−

como si volvieras del fondo de un océano invisible

y tus palabras salieran a la superficie,

húmedas de ese fondo marino.

“Una vez atravesé tres meses

buceando bajo sus días”.

Y yo te imaginé salina,

emergente, empapada y dulce,

como una sirena que busca sus piernas suicidas.

“En breve me volverán a crecer los dientes.”

Sí, y volverás a morder las calles, las aceras,

el ritmo frenético del tráfico en una operación salida.

Pero ¿y si entonces… ya no temieras perderte?

¿Y si dejamos en los vestíbulos desiertos

todas nuestras heridas?

¿Y si dejamos que nos crezcan las alas

encima de las espinas?

“Junio siempre vence”

−me repetiste−

y bailaste a la intemperie

de los sueños en ruinas

con una implacable sonrisa

como una consigna de vida.

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