Cavernícola

No por el placer de tenerte

o de perderte,

por el precio de la prisa,

o de la ambición,

de desconocer que una caricia

hace más estragos

que una flecha al corazón.

Enigmática hembra,

fúgate conmigo a respirar café

en tragicómica apariencia,

que estoy anémico de tu cariño,

de tu resplandor subversivo,

con el que unges a quien se acerca

como adoradores al sol.

Y este indómito cavernícola,

que apenas puede soñar con tu voz,

se deshace en la concupiscencia,

en las sensuales muestras que dejas

como las migas abandonadas

en aquel cuento atroz

y de repente se despista

y no encuentra ni rastro de tu huella,

ni rastro conspirador

que me mantenga alerta

y devuelva un atisbo de esperanza

de esa caricia malsana

de un beso que lleve tu sabor.

Quédate conmigo un segundo,

por favor,

antes de que el mundo se marchite

y que yo mismo deje de ser yo.

Déjame desgarrarte el alma a besos,

enraizarme en las grietas y en las ramas

de tu árbol generoso de llamas cálidas

y déjame treparte alrededor,

de tus piernas desde abajo,

de tus muslos en flor,

y déjame devorarte entera

que seguiré subiendo por tus brazos

para llenarte la boca y la vida

de este invasor destinado

a incendiarte y liberar tu corazón.

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Memento mei

Un silencioso movimiento de cadenas y glóbulos rojos,

un palacio habitado por un secreto,

un símbolo brillante en la portada de un libro nunca abierto.

Es. Pero nadie sabe.

Una espina en el cerebro,

una palabra hecha carne,

un corazón palpitando en un desierto,

un espacio que no se puede llenar con posibilidades.

Habla. Pero no hay nadie.

Un castillo flotando en el cielo,

una hora inacabada en el aire,

un montón de naranjas rodando por el suelo,

un vagabundo caminando por una calle,

una espada cortando a diestro y siniestro:

sueños como sables.

Un puñal trepando por un árbol,

una señal señalando el cielo,

un dios buscando padre,

un aliado en un verso,

un brindis por las escamas de un dragón

y una despedida al viento:

Memento mei et vale

(Acuérdate de mí y adiós).

Micorrelato: El árbol de los sueños

Pues hoy os dejo otro Microrrelato para el reto de escritura de agosto «Escribir jugando» del blog de Lídia

Dicen que antiguamente Morfeo y Muerte solían jugar a un juego con los mortales. En un lado de la balanza de Muerte se depositaba el alma y en el otro Morfeo contrapesaba con los sueños del agonizante humano. Solo cuando los sueños superaban el peso del alma Morfeo tenía una oportunidad de negociar y salvar dicha vida. Muerte sonreía cada vez que ocurría y colgaba de su árbol de los sueños sus preciados trofeos. Lo que no sabía es que Morfeo, taimado, solo se desprendía de los sueños perdidos. Y Muerte, astuta, jamás le dijo que siempre eran sus preferidos.

Microrrelato – El árbol

Ahora que todos los poetas duermen me he sentado, alma contra alma, en tu tronco. Vuelvo a mis raíces, buscando el sutil abrazo de tus ramas tiernas, el bello aroma de las hojas que se mezclan en un nocturno canto. Apuesto mi vida entera a que puedes escucharme, a que el arrullo del viento que danza en tu copa me habla y me seduce con su murmullo.

Aquí te conté mis secretos, de niña ajada y rota, de lágrimas bruscas, de señales y cicatrices que como a ti, adornan tu corteza como un pespunte hilvanado de risas con tristezas. Vacilante adolescente que siempre volvía a buscarte, a contarte mis andanzas de corazón impreciso y desnudo, en los nombres de amores ocultos al mundo. En el perfume de mis ansias se asentó un lucero de esperanza baldía, verde profundo, como tu copa que estremecida aguantaba mis proclamas con estoica y cristalina paciencia.

Y ahora, ya madura, ya convertida en deseo, en flor de lava, en madre, en aurora ardiente que mira a tus hojas como se mira al cielo, te estrecho y me desnudo de nuevo el alma entera, y mis palabras, ya sin prisa, ya sin el quebranto del destello de ninguna duda se despiertan de nuevo y se presentan ante ti como una hilera de negras hormigas que suben hasta tocar el cielo que tú siempre rozas. Y me miras y te siento velar por mí como siempre has hecho. Y pienso, ahora sí. Ahora sí, mi árbol. Ahora sí que puedo.