Cavernícola

No por el placer de tenerte

o de perderte,

por el precio de la prisa,

o de la ambición,

de desconocer que una caricia

hace más estragos

que una flecha al corazón.

Enigmática hembra,

fúgate conmigo a respirar café

en tragicómica apariencia,

que estoy anémico de tu cariño,

de tu resplandor subversivo,

con el que unges a quien se acerca

como adoradores al sol.

Y este indómito cavernícola,

que apenas puede soñar con tu voz,

se deshace en la concupiscencia,

en las sensuales muestras que dejas

como las migas abandonadas

en aquel cuento atroz

y de repente se despista

y no encuentra ni rastro de tu huella,

ni rastro conspirador

que me mantenga alerta

y devuelva un atisbo de esperanza

de esa caricia malsana

de un beso que lleve tu sabor.

Quédate conmigo un segundo,

por favor,

antes de que el mundo se marchite

y que yo mismo deje de ser yo.

Déjame desgarrarte el alma a besos,

enraizarme en las grietas y en las ramas

de tu árbol generoso de llamas cálidas

y déjame treparte alrededor,

de tus piernas desde abajo,

de tus muslos en flor,

y déjame devorarte entera

que seguiré subiendo por tus brazos

para llenarte la boca y la vida

de este invasor destinado

a incendiarte y liberar tu corazón.

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∼ Tierra ∼

Hola a tod@s,

Hoy os traigo mi última aportación en Letras y Poesía. Y una imagen recordatorio del grupo para los que quieran unirse.

Espero que os guste, ya que incluye el poema recitado, y siempre me hace especial ilusión compartir mi propia versión recitada con música de fondo.

¡¡Buen día a todos!!

∼ Tierra ∼

Imagen L&P

23 de junio

Antes de que la noche más corta

sea cautiverio de tu boca invicta,

cubriré las horas más precisas

con derrotas que saben a preludio,

con el aroma que te embriaga

y te asombra,

con mi sonrisa canina

que a mis labios se asoma,

y te invita.

Me adentraré en tu maleza virgen,

en las flores ardientes que brotan,

de tu pecho caliente de rosa,

a las que mis manos se ciñen,

como rocas que respiran

y te nombran y te invocan.

Habitaré tu sangre tan roja,

seré tu saliva y tus gemidos,

recorreré el canal de tus sueños,

como barquero encendido.

Y viviré en tus sombras,

en aquellas más oscuras

que te encienden y te rozan

y te roban los sentidos.

Me abrirás tus puertas,

y tus latidos,

y yo seré tu luna llena,

la dulce hoguera que arda

en la noche más larga

que será la más corta

porque estarás conmigo.

Reconciliación

Te has ido a la cama esta noche

dando un portazo de sábana y frío,

dejando entre nosotros terreno baldío,

esperando que el sueño funda los reproches.

Y yo, que no aguanto esas escenas

podría haberte lanzado  una réplica,

pero me refugio en el silencio de piedra,

y entrecierro mis ojos arrullado por tus quejas.

Y ahora que duermes y te miro

tu cuerpo dibujar de sirena tu silueta,

tu mueca de desprecio y tu boca resuelta,

que no paran de pedir guerra, desafío, conflicto,

mis manos te tocan en pregunta,

mientras tú te revuelves con rechazo,

y yo insisto bajo sábanas buscando el tacto,

con prudencia, con caricias en forma de duda.

Mis brazos te envuelven con ternura,

tú te arqueas hasta aceptarme y me aceptas,

y yo te envuelvo enlazándome mientras jadeas

dibujando tu cuerpo con mi cuerpo en tu cintura.

Y ya las sábanas son un dulce ovillo

que envuelven tus muslos apasionados

y me incitan y me devoran hasta hacerme daño

llevándome más allá de los dominios del olvido.

Nos doblamos con espasmo de juncos,

mecidos por el viento, huracán de deseo,

y me ciño lentamente a tu placer en descenso,

hasta saciar este momento, este instante único.

Yaces en este mar revuelto

de abrazos y sábanas calientes,

y te oigo murmurar una sonrisa silente,

una bendición, una blasfemia y un perdón encubierto.

La verdad vertical

Verte, como el verbo que en boca teje

la intensa intimidad que se desboca,

por el tránsito intranquilo de fiebre

que versátil verso suelto provoca.

Vierte en mí tus centellas e intercede,

salva del yugo al tránsfuga que toca

tu alma traslúcida, intranquila y vence

con toda tu fuerza interna, trastoca,

la verdad vertical que sol implora,

vértigo interior, abismo latente,

ven ya sin demora y rompe, derrota,

cualquier impedimento, inconveniente,

con ímpetu, empuje que desborda,

impulso que corta esta hora insolente.

Los pecados capitales

No puedo evitar comerte con los ojos,

como devoraría tu piel en este instante,

como un carnívoro animal inquietante,

que te acecha con locura amante de lobo.

Te deseo, como sólo puedo desear yo solo,

quisiera arrancarte la ropa y desordenarte,

hacerte mía y traerte a mi infierno de Dante,

y quemarte en mi lujuria de demente loco.

En mi locura sólo veo tus labios tan rojos,

y envidio a todo aquel que ose mirarte

y deleitarse en tu cuerpo y contemplarte

como diosa que eres de angelical rostro.

En mi avaricia te deseo mía y lloro

de rabia y de codicia si no puedo anclarte

a mi piel como si fueras mi estandarte

mi mayor dicha, mi más preciado tesoro.

Si no estás, tormentas de fuego imploro,

con violenta furia mi cuerpo entero arde,

buscándote ciego por no tenerte delante,

pensándote quizás en brazos de otro.

Mataría porque fueras mía y mía sólo,

y que mi ira fuera huracán de desastres

para el que sueñe un instante con tocarte,

porque te quiero a ti y hoy lo quiero todo.

Soberbia, raíz de todos los pecados propios,

quieres reinar sobre el más bello estanque,

domesticar a la más bella ninfa salvaje

para sentirte mejor que cualquier otro.

Pero quien mucho aprieta sólo obtiene despojos,

porque suficiente nunca será bastante

para quien quiere solo saborear la carne

y no probar el alma que hay en el fondo.

Oscuro mar de mis deseos

El otro oscuro mar de mis deseos

lleno de los besos que me enmudecen

no se circunscriben a humanas leyes,

y sólo se navegan con tus veleros,

porque si tuviera que morir dos veces,

primero moriría envuelto en tus besos,

luego en tus abrazos de ardiente fuego,

y más tarde descansaría en la muerte,

en tu vientre, fuente de mis anhelos

donde rompes con desprecio mis grilletes,

donde gritas con pasión a mis huestes,

donde mis verdades serán mis anzuelos,

que te alcen de ese mar tan revuelto

y te envuelvan en mis dulces vaivenes,

y me resuciten una vez más de la muerte,

para entregarte mi cuerpo de nuevo.

La ventana

Esta noche dejé la ventana abierta

para que mis pensamientos echaran a volar,

y dibujé soles en el cielo nocturno

para que alumbraran tus pasos al llegar.

Y tejí temblores en tus flores y en tus venas,

te desnudé de tiempos donde quebrar,

bebí liviano el veneno de tus piernas paralelas

y en el mar de tus caderas fui capitán.

Murmuré ardores y vigilias, fui centinela,

en la hora herida mi nombre fue talismán,

presa pobre de tu boca tan hambrienta,

sincera muestra de este oscuro guardián.

Pinté de colores tus labios, tus colmenas,

tus esquinas perfumadas de blanco azahar,

construí promesas con esquirlas de tormenta

y por tu cuerpo, como el viento, me dejé llevar.

El lenguaje de tu cuerpo encendido

Como quien enciende un signo de interrogación,

te delineo con la mirada inquieta, atenta,

íntima de sonidos y puntos suspensivos,

creando un nuevo lenguaje que te reta,

que te hechiza y te aprieta a la ley de mi corazón.

Quieta,

mira lo que te hago con la ternura de mis manos,

con las yemas que te besan como letras,

esbozando sobre tu piel palabras de amor

que insinúan, que expresan una gesta,

o un gesto de ausencias y contenido dolor.

Quieta,

disfruta de este intervalo que aprieta el paso,

en el que un segundo es una vida concreta

que necesita expresarse, ser lengua y guión,

partitura, papel mojado, que se borra y se apresta

a ser de nuevo agarrado y hacerte temblar de amor.

Quieta,

gime en una sílaba infinita, sintagma quebrado,

mientras mi cuerpo se hace pájaro y se adentra

plena de poesía, de prosa y de canción,

en tu oscuro territorio de diptongos e hiatos,

donde yo acentúo tu carne con toda mi pasión.

Quieta,

sé mía, morfema que da sentido a mi lexema,

a esa parte de mí que crece en toda su extensión

y te abarca y te penetra en la sintaxis de tu alma inquieta,

para ser contigo sustantivo, verbo y núcleo que quema

tu boca concreta en esta ardiente oración.

Quieta,

enrédate, conjúgate en mis versos sin ninguna razón,

rompe mis esquemas, escribe con tus uñas y apuesta

todo tu cuerpo a ser adverbio, adjetivo o conjunción

que se encresta en los pronombres y manifiesta

hasta exclamar gritando una interjección.

Ven

No puedo acallar la voz

de este instantáneo pájaro de fuego

que aparece en el cristal oscuro tan seductor

susurrando cien incendios con mis dedos,

                                                        ven.

Si en el espejo azul sediento

mi torpe piel de cordero se hace león,

garra cruel que inunde el cálido hueco forastero

te arrancará una sílaba a dentelladas del corazón,

                                                        ven.

Deja que me hunda en tu balcón,

que me exilie a diario entre tus besos

que rompa mis estrellas en pedazos de sol

que sea el color de tu sangre y de tus sueños,

                                                        ven, ven.

Tu vigilia será mi jaula ardiendo

tus gemidos espigas que caigan con mi hoz

cuando irrumpa con violencia en tus adentros

seré huérfano, seré padre, seré Dios,

                                                   ven, ven, ven.

Nudos desatados en el silencio,

moribundos entregados sin aliento y sin razón,

agua saciada de todo el tiempo herido, escurriendo,

que descanse al fin en un sueño reparador,

                                                        ven, ven.

Déjame que duerma en tu pecho,

que mis cenizas en este momento sean excepción,

que mis murmullos sean sólo gesto nocturno de viento

que contengan una sola palabra de amor,

                                                        ven.