Deuda del alma

Desde que hallaste la manera

de transfigurar la primera sensación

en una invitación al amor

soy cadáver prisionero

de tu extraño modelo.

Quiero despojarme de la materia

compañera de vacíos

cargados de silogismos

causa-efecto sin sentido,

que ya no siento ni padezco,

que solo me queda

esta eléctrica impaciencia de vuelo,

ansias de ventanas abiertas

que anuncien resurrección:

deuda del alma

al cuerpo.

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Desenlace

He roto lazos con lo previsible

pues me muevo en tierra de nadie

como un ángel invisible

que lo ve todo y nada sabe.

Y todo lo que existe no es todo lo pensable:

cabe todo en tu mirada

y eso me hace vulnerable

a cada palabra hecha carne,

a cada enigma sublime

madre de mis sueños,

sangre de mi sangre:

¿cometa en tránsito

o estrella fija?

¿abismo en duda

o cielo que arde?

¿Quién sabe?

Rectilíneo, mi camino es lento;

improviso, pero no pretendo

pararme ni un momento

delante de tu imagen.

Y los días van recobrándose

con celeridad de esperanza

con infinitos que renacen,

con un azul de mañana,

¿ficción invasora

o simplemente arte?

¿reflejo del instinto

o reflejo del instante?

¿Quién sabe?

A ciegas me entrego,

placer de vuelo:

desenlace.