Límites

Si yo pudiera decir como vosotros

que dejo mis límites,

mi cuerpo diario, mis alas,

para ser agua bendita

que llueve sobre la cara,

raíz o semilla de viento,

pájaro de fuego: alma.

Si yo pudiera decirlo todo

sin que hicieran falta palabras,

dar lo que llevo dentro

hasta que no me quede nada,

ser estrella, ser silencio,

ser la luz de la mañana,

ser un cálido amigo

en esta hora saciada.

Si yo pudiera renacer

en esta manzana amarga,

en cada instante,

en cada llama,

en el corazón de quien me importa,

en el corazón de quien me ama.

Ay, si yo pudiera

si tan solo pudiera

dar mi vida entera a todos los que me aman.

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Estorba el enlace

Estorba el enlace provocado

entre la forma y el acto,

entre el infinito de una mirada

y unos labios al hablar.

La apariencia obedece al tacto,

las palabras resbalan perdiendo identidad.

El tiempo no engaña,

sólo alimenta la parodia

solapando los fantasmas antes de matar.

La madrugada se opone a la lógica.

Las leyes no se dictan,

se hacen sobre la marcha,

o se olvidan…

Que descansen en paz.

Prefiero sostenerme en medio de la anarquía

de unos brazos que apenas me conocen

y de unos pasos que no sé adónde van.

Creo en el delirio

de un sonido que se pierde a la deriva

como una escalera al cielo,

como un puente en el mar.

Pido hora para nacer subiendo,

pido hora para nacer de día.

Pido tierra, agua, viento y sal,

masticando la marea de la vida,

reanudando la carrera

antes de tensar el arco

y disparar.

Sobrevivirá la espuma,

no la roca,

y el final de la ligadura

vendrá mezclado

de salvaje ternura,

en el umbral de un sueño,

de piadoso fuego

y azar.

Y todo caerá alegre,

en silencio,

con la sonrisa de la muerte

del movimiento exhausto

que debe detenerse

delante del rey animal.

Deduces por mi silencio

Deduces por mi silencio

que en mí se suceden

implacables mis argumentos,

y brotan oscilantes,

como juncos anclados al suelo

que se sostienen desafiantes,

como un castillo de naipes

ante huracanado viento.

Pero no hay cálculo que valga

que soporte un sentimiento.

Quemante hoguera vacilante,

humo negro llenando un cielo

de un mundo que no obedece premisas,

imagen de un futuro incierto que me arrastre

en su caudal de azar, de prisas,

de estrellas que sin sosiego

me dejan ciego con su ceniza.

Súbito contraste,

antítesis de mi reflejo pendenciero

que deja con su brusco aliento

traspasando el margen de mi paisaje,

perfilando una verdad en el espejo,

que haga llover fuego

delante de mis ojos sangrantes.

 

Que llueva, que llueva fuego

de ahora en adelante.

Y que nadie me espere quieto,

que no habrá cómputos,

ni deducciones,

ni conjeturas,

ni hipótesis,

ni estadísticas,

ni mediciones,

ni baremos,

ni tasaciones,

que den cumplida presencia,

al dolor,

a la compasión,

al pesar,

a la ventura

al afecto,

al amor,

a la ternura,

a la pasión que sin desenfreno,

llena y desemboca sin rienda y sin brida,

en este momento de mi vida

que no pide consejo,

solo sentirse vivida.

La ventana

Esta noche dejé la ventana abierta

para que mis pensamientos echaran a volar,

y dibujé soles en el cielo nocturno

para que alumbraran tus pasos al llegar.

Y tejí temblores en tus flores y en tus venas,

te desnudé de tiempos donde quebrar,

bebí liviano el veneno de tus piernas paralelas

y en el mar de tus caderas fui capitán.

Murmuré ardores y vigilias, fui centinela,

en la hora herida mi nombre fue talismán,

presa pobre de tu boca tan hambrienta,

sincera muestra de este oscuro guardián.

Pinté de colores tus labios, tus colmenas,

tus esquinas perfumadas de blanco azahar,

construí promesas con esquirlas de tormenta

y por tu cuerpo, como el viento, me dejé llevar.