Libertad de expresión

Hoy no vengo a hablaros de poesía, vengo a hablar de libertad de expresión. Hablamos de tolerancia y ni siquiera somos capaces de admitir que la gente pueda ejercer su derecho a manifestarse sobre todo cuando son los que no piensan como nosotros.

No seamos tan hipócritas, por favor. Y no polaricemos la realidad como si solo hubiera malos y buenos y nosotros siempre fuéramos los buenos. Hay gente que lleva dos meses en ERTE sin cobrar del SEPE, gente que vive de sus pequeños negocios y ahora no puede porque no han podido abrir o ejercer, gente que no ha podido ver morir a sus seres queridos y les han entregado las cenizas un mes después de fallecer, sanitarios que han visto cómo no les llegaban de forma adecuada medios de protección y han perdido a compañeros de profesión. Hay muchos motivos de indignación, pero, por favor, si te vas a manifestar por el motivo que sea cuida tu salud y la del resto y mantén las medidas de seguridad.

Me parece bastante lamentable tener que reiterar esto: la libertad de expresión es un derecho fundamental. Puedes pensar y decir lo que quieras siempre y cuando lo hagas de forma respetuosa y no pongas en peligro ni tu vida ni la de los demás.

Micorrelato: El árbol de los sueños

Pues hoy os dejo otro Microrrelato para el reto de escritura de agosto «Escribir jugando» del blog de Lídia

Dicen que antiguamente Morfeo y Muerte solían jugar a un juego con los mortales. En un lado de la balanza de Muerte se depositaba el alma y en el otro Morfeo contrapesaba con los sueños del agonizante humano. Solo cuando los sueños superaban el peso del alma Morfeo tenía una oportunidad de negociar y salvar dicha vida. Muerte sonreía cada vez que ocurría y colgaba de su árbol de los sueños sus preciados trofeos. Lo que no sabía es que Morfeo, taimado, solo se desprendía de los sueños perdidos. Y Muerte, astuta, jamás le dijo que siempre eran sus preferidos.

Estorba el enlace

Estorba el enlace provocado

entre la forma y el acto,

entre el infinito de una mirada

y unos labios al hablar.

La apariencia obedece al tacto,

las palabras resbalan perdiendo identidad.

El tiempo no engaña,

sólo alimenta la parodia

solapando los fantasmas antes de matar.

La madrugada se opone a la lógica.

Las leyes no se dictan,

se hacen sobre la marcha,

o se olvidan…

Que descansen en paz.

Prefiero sostenerme en medio de la anarquía

de unos brazos que apenas me conocen

y de unos pasos que no sé adónde van.

Creo en el delirio

de un sonido que se pierde a la deriva

como una escalera al cielo,

como un puente en el mar.

Pido hora para nacer subiendo,

pido hora para nacer de día.

Pido tierra, agua, viento y sal,

masticando la marea de la vida,

reanudando la carrera

antes de tensar el arco

y disparar.

Sobrevivirá la espuma,

no la roca,

y el final de la ligadura

vendrá mezclado

de salvaje ternura,

en el umbral de un sueño,

de piadoso fuego

y azar.

Y todo caerá alegre,

en silencio,

con la sonrisa de la muerte

del movimiento exhausto

que debe detenerse

delante del rey animal.

Tres cosas en mi vida solo quiero

Tres cosas en mi vida solo quiero,

amor sin medida,

comenzar de nuevo cada día,

y matar el miedo.

Ser auténtico, ser libre,

decir lo que pienso

pensar lo que siento,

un grito unánime,

de mis sentimientos,

que ya no me limita,

que sólo me invita

a soñar este sueño.

Tres cosas solo quiero,

el amor de mi vida,

la garantía indómita

de sentirme pleno,

perseguir una meta,

que nunca se alcanza,

y matar al que me mata

al que no me consuela,

a este fiel escudero

que cuando salto

me atrapa

y cuando caigo

me dilata

en el suelo.

Tres cosas solo quiero,

el amor por un lado,

por otro un hallazgo,

un atajo a mis sueños,

y por último un asesinato,

de este amo al que siervo

de este anónimo ingrato,

de este miedo enamorado

de mis esclavos silencios.

Devenir

Despierta, trasciende, pasa,

llega hasta ese instante en el que la vida

debe ser mirada con otros ojos, saciada,

exprimida en su jugo, en su herida,

en este preciso momento que arde y mata,

para cambiar, evolucionar sin medida.

Convertirte en lo que deseas ser malgasta,

siempre será mejor encontrarte a ti misma

en los ojos del amor que nunca basta,

que nunca finaliza ni se gasta en premisas,

sino que siempre llega y siempre se alza

en una promesa que cumple y no se resigna.

Devenir, luz de aurora que traspasa

toda frontera soñadora con tus caricias,

con tus palabras como estigmas que lanzan

un mensaje convertido en reliquia,

un tesoro precioso que alcanza

todo corazón que quiera cambiar su vida.

Insolente

Quisiera ver renacer la primavera en tu mirada

desenterrarte de la tierra que cubre tu presente

y que desvivas y desalmes todo lo que sientes,

que desmontes tu armadura y tus palabras,

que deshagas el desatino del destino que miente

y te alces en incendios, inestable, incoherente,

que te incorpores de tu apoltronado mantra,

que grites inquietudes, que mates indolentes,

insurgente de la vida que espera inminente

esa gran sonrisa insolente que abriga tu alma.

Deduces por mi silencio

Deduces por mi silencio

que en mí se suceden

implacables mis argumentos,

y brotan oscilantes,

como juncos anclados al suelo

que se sostienen desafiantes,

como un castillo de naipes

ante huracanado viento.

Pero no hay cálculo que valga

que soporte un sentimiento.

Quemante hoguera vacilante,

humo negro llenando un cielo

de un mundo que no obedece premisas,

imagen de un futuro incierto que me arrastre

en su caudal de azar, de prisas,

de estrellas que sin sosiego

me dejan ciego con su ceniza.

Súbito contraste,

antítesis de mi reflejo pendenciero

que deja con su brusco aliento

traspasando el margen de mi paisaje,

perfilando una verdad en el espejo,

que haga llover fuego

delante de mis ojos sangrantes.

 

Que llueva, que llueva fuego

de ahora en adelante.

Y que nadie me espere quieto,

que no habrá cómputos,

ni deducciones,

ni conjeturas,

ni hipótesis,

ni estadísticas,

ni mediciones,

ni baremos,

ni tasaciones,

que den cumplida presencia,

al dolor,

a la compasión,

al pesar,

a la ventura

al afecto,

al amor,

a la ternura,

a la pasión que sin desenfreno,

llena y desemboca sin rienda y sin brida,

en este momento de mi vida

que no pide consejo,

solo sentirse vivida.

No pretendo

“La vida es dura pero con los bellos momentos se aprende que aunque las lágrimas nos ensucian el rostro, terminan limpiándonos el corazón.”

Anónimo

No pretendo borrar los malos momentos,

la muerte, la destrucción, la tristeza,

un error del pasado o ciento.

No pretendo ser memoria o triste anhelo,

homenaje, obsequio, certeza,

de la pérdida o del desprecio.

No pretendo dibujar sobre el viento

una leyenda, una oración que reza

a un adiós, dios del tiempo.

Sólo pretendo el sentimiento,

pedestal con una promesa

de vivir cada momento intenso,

escribir con sangre y hueso,

sobre mis alegrías y mis penas,

sacar todo lo que llevo dentro,

liberar el alma de todo el peso

y vaciarlo de pesares y cadenas,

echar a volar sin pagar más precio,

del que ya pagué en su momento,

enjugando el rostro en la arena

y levantarme por fin sonriendo,

ir a más, ir in crescendo,

romper en trozos mis esquemas,

alzarme en aspavientos,

rendirme a mis excesos,

hacer poemas,

matarme a besos.

No soy sólo la historia

“Lo que existe detrás nuestro y lo que existe delante de nosotros es algo insignificante comparado con lo que existe dentro de nosotros.”

Emerson

 

No soy sólo la historia

que vive detrás de mi vida,

polvo enamorado, ceniza,

resplandor de mi memoria.

No soy sólo la presencia

que alumbra este momento

que se desboca corriendo,

llegada, partida, esencia.

No soy sólo el presagio

ni el eco de lo que seré

ni el porvenir de mi alegría.

Soy todo lo que hago,

uno, ciento, hambre y sed,

raíz, entrega, herida.