Enemigo íntimo

Ajeno a mi destino

me aferro con pies de prófugo

a esta verdad de mí mismo que soy.

Ay, gran enemigo,

que revelas en la mirada de otro

la espina dorsal del abismo,

mi abismo propio,

certidumbre de espejismos

que me precipita o me yergue,

y luego reposa en el muro descarnado,

en el muro íntimo que se pierde

dentro de un gran laberinto

dentro de otro.

Fría estrella de llama fría que vivo,

que se disuelve en vacío,

hiriente vacío de masa inerte,

hiriente infinito,

hijo ardiente del tiempo consumido.

Ay, prófugo enemigo,

huye, pero vuelve,

sin ti, la guerra no tiene sentido.

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Para ser grande primero tienes que aprender a ser pequeño

Qué extraño es este mundo que devora

los pactos de sangre, los amigos reales,

cada guirnalda y cada premio que vale

el tiempo, el sueño y la demora,

por alcanzar la inalcanzable hora

del recuerdo imborrable que arde

en un instante de grandeza y hace

de este siervo honrar la memoria

del humilde cuya figura se entrona,

en un gran trono imparable,

que cuanto más pequeño más grande,

es el momento de ser más persona

es el reto de ganar a la historia,

después de muerto, perdida la sangre

y echado el resto sobre la carne

del olvido y de toda la escoria

que sólo quiere un momento de gloria,

mientras el esclavo se hace sable,

y clava un rayo en el cielo salvaje

y corta el tiempo mientras entona

un cántico, un aleluya que enarbola

un canto de esperanza que hable

de los desheredados que parten

de los miserables que  cortan

el futuro a pedazos, no las sobras,

sino la vida entera y tan grande,

desde abajo, desde la nada importante,

en cada momento, verso y estrofa.

Deuda del alma

Desde que hallaste la manera

de transfigurar la primera sensación

en una invitación al amor

soy cadáver prisionero

de tu extraño modelo.

Quiero despojarme de la materia

compañera de vacíos

cargados de silogismos

causa-efecto sin sentido,

que ya no siento ni padezco,

que solo me queda

esta eléctrica impaciencia de vuelo,

ansias de ventanas abiertas

que anuncien resurrección:

deuda del alma

al cuerpo.

Esencia

Por las grietas de octubre

se escapa el tiempo herido,

la húmeda nostalgia, el vacío,

y el consuelo inherente, unido,

a veces dulce, a veces amargo,

a veces tan extraño y perdido.

Y pronuncio los nombres de todo,

como algo insólito, como un niño,

como si una palabra fuera conjuro,

esencia y presencia, hechizo,

que hace salir de su letargo,

el extracto, el alma, el sentido.

Digo corazón y siento la máquina,

el latir acuoso, el ingrato litigio,

el agujero negro, el negro pozo,

donde se hilvanan mis sinsentidos,

y descansan ilusiones y asombros,

miedos, agobios, ruidos.

Digo manos, y estas me miran

como si no fueran conmigo,

con las palmas boca arriba,

como si buscaran cobijo,

y solo encontraran preguntas,

ruegos, aprensivos designios.

¡No quiero sólo palabras!

¡No quiero envoltorios vacíos…!

que al pronunciar se escapan,

sólo quiero la entraña, el hilo,

que cose e hilvana la esencia

con su idea última, su sino.

Quiero lo que quiere el poeta,

el pronombre, sin sufijos,

el pronombre que nombre,

el nombre más preciso,

la alquimia selecta,

volátil, del destino,

alma del alma que pesa,

lo que pesa un suspiro,

alma del alma que besa,

en una palabra

un infinito.

Estorba el enlace

Estorba el enlace provocado

entre la forma y el acto,

entre el infinito de una mirada

y unos labios al hablar.

La apariencia obedece al tacto,

las palabras resbalan perdiendo identidad.

El tiempo no engaña,

sólo alimenta la parodia

solapando los fantasmas antes de matar.

La madrugada se opone a la lógica.

Las leyes no se dictan,

se hacen sobre la marcha,

o se olvidan…

Que descansen en paz.

Prefiero sostenerme en medio de la anarquía

de unos brazos que apenas me conocen

y de unos pasos que no sé adónde van.

Creo en el delirio

de un sonido que se pierde a la deriva

como una escalera al cielo,

como un puente en el mar.

Pido hora para nacer subiendo,

pido hora para nacer de día.

Pido tierra, agua, viento y sal,

masticando la marea de la vida,

reanudando la carrera

antes de tensar el arco

y disparar.

Sobrevivirá la espuma,

no la roca,

y el final de la ligadura

vendrá mezclado

de salvaje ternura,

en el umbral de un sueño,

de piadoso fuego

y azar.

Y todo caerá alegre,

en silencio,

con la sonrisa de la muerte

del movimiento exhausto

que debe detenerse

delante del rey animal.

Actitud

Llevo conmigo una luz que me ilumina,
una idea de alma que nunca apaga al otro,
al tú que soy yo mismo cuando estoy solo,
al reflejo impaciente del espejo que me mira.
Llevo un rebelde inoportuno que me grita
que no me pierda, que nunca sea sordo
al sentir vehemente contra todo pronóstico,
que no me esconda, que no me rinda.
Extiendo mis alas, cierro por fin mis heridas,
echo a volar al cielo siempre que no corro
más, más, más arriba, directo, con aplomo,
para tener mayor visión, mayor perspectiva.
Llevo en mi espalda cien mundos y una vida,
y no me paro, sé que mañana podré con todo,
y que todo pasa, la piel, la soledad, el oro,
porque sé que el tiempo ya no me esquiva.

No pretendo

“La vida es dura pero con los bellos momentos se aprende que aunque las lágrimas nos ensucian el rostro, terminan limpiándonos el corazón.”

Anónimo

No pretendo borrar los malos momentos,

la muerte, la destrucción, la tristeza,

un error del pasado o ciento.

No pretendo ser memoria o triste anhelo,

homenaje, obsequio, certeza,

de la pérdida o del desprecio.

No pretendo dibujar sobre el viento

una leyenda, una oración que reza

a un adiós, dios del tiempo.

Sólo pretendo el sentimiento,

pedestal con una promesa

de vivir cada momento intenso,

escribir con sangre y hueso,

sobre mis alegrías y mis penas,

sacar todo lo que llevo dentro,

liberar el alma de todo el peso

y vaciarlo de pesares y cadenas,

echar a volar sin pagar más precio,

del que ya pagué en su momento,

enjugando el rostro en la arena

y levantarme por fin sonriendo,

ir a más, ir in crescendo,

romper en trozos mis esquemas,

alzarme en aspavientos,

rendirme a mis excesos,

hacer poemas,

matarme a besos.

Llama y plenilunio

Alas con ojos de mirada en relieve

escriben en el aire

el diario de una visión

y cada sílaba corresponde a una nota

y cada nota corresponde a una canción.

Y tú, crees poder conquistar un abismo

con una falsa sonrisa y una flecha al corazón.

Pero qué lejos estás de comprender

La mezcla de llama y plenilunio

que arde en todo mi ser

con alma de trueno.

Asciendo por un entramado de latidos

que detiene la noche cuando yo quiero.

Camino por el espacio que llenan

las yemas de unos dedos que rasgan nubes.

Arranco estrellas en forma de labios

y los voy tirando al azar

como besos de la ira, cayendo,

con la furia que da el deseo.

Y tú, crees poder enfrentarte al infinito

con la misma mirada que un pez en un acuario.

Qué lejos estás de comprender

esta mezcla de llama y plenilunio,

esta pulsación, este despliegue,

esta fuente de lava,

esta columna de fuego

en la que se baña mi alma

cada vez que sueño.

Vértigo

Un vértigo ignorado ha venido a darme su mano

para echar por tierra la costumbre y proclamar

una absurda sensación de pérdida de perspectiva

que me deja desarmado.

Delante del vendaval del mundo canto y bailo

al abrigo de la noche compañera de pecados

porque esta vez quiero gritar al diablo

¡muerte al pensamiento

que me mantiene prisionero sin pensar!

Las palabras segarán espigas como rayos

pero tú no vendrás.

Las palabras arderán de marzo a mayo

pero tú no vendrás.

No, ya sé que no vendrás,

porque sólo acudes al engaño.

No estoy dispuesto a esperar milagros

ni falsas revelaciones en la líneas de mis manos,

no estoy dispuesto a traicionar

todo lo que soy por todo lo que amo.

No hay más testigos que valgan

ni más silencio, ni más palacios,

que cada uno piense lo que quiera

o que haga de su capa un sayo.

Las palabras morderán el aire a bocados

pero tú no vendrás.

Las palabras cruzarán corazones extraños

pero tú no vendrás.

No, ya sé que no vendrás

porque sólo acudes al engaño.

Y haré de tripas corazón

y del corazón saldrá un pájaro

dispuesto a salir volando

sobre la memoria de otro yo.

Y al margen de que todo sea soñado

fingiré no darme cuenta de la edad

ni del viejo reloj de arena acelerado

que entreteje piedras a mi lado

sin soltar lastre nunca más.

Y porque sé que no vendrás

quizás acuda yo al engaño

para que las palabras arranquen

un beso de tus labios.