Vivirte en este sueño

Vivirte en cada tramo de este sueño
que nos enseña y deshace en mañana
es dejar el vacío, eternidad, nirvana,
es matar todo el tiempo y a su dueño.


Morir en tus brazos en cada destello,
es sellar a muerte la vida y las ganas
de desvivir lo vivido en esta batalla
por volver a revivir con todo empeño.


Encadenarme al hoy de tu reflejo
ni vacilar nunca ante las brasas,
quemarme por ti en cada reto,
buscar con furia tus entrañas,
es rasgar la vida en cada ensueño,
es ser tu compañero y tu alimaña.

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Mis manos

Entre una intensa niebla

se dieron al mundo

y todo fue fugaz

como un sueño,

pero no de agua,

si no de llama,

no de pan,

si no de cielo.

¿Y qué significó todo ello?

¿Un ensayo de futuro?

¿Descanso, inciso,

señal o signo

de lo que nunca tendré?

Poco o mucho han vivido,

y aún palpitan en mi regazo

pidiendo sentirse vividas,

huir hacia un desorden olvidado,

como de estrellas,

como relámpagos.

Obedecen una voluntad

que vive por detrás de mí,

mucho más allá,

voluntad de tierra,

voluntad de sol,

voluntad del descanso

que solo da la materia.

Noviembre

Qué difícil es cerrar los ojos

y no verte,

mascar la vida en síntesis,

y sentir la herida,

la máscara de una sonrisa,

que disfrace el dolor,

y perderte,

y perderme en un hosco,

ciego rastro de prisas

y silencios.

Mientras Madrid duerme,

la lluvia limpia

los recuerdos agridulces,

las huellas dentelladas

y calientes

que dejaron mella

en este sueño líquido,

en esta esquirla,

en esta brecha,

en este frío refugio

carente

de tu esencia,

del sueño de una vida

que nunca se produjo,

de la nada inversa,

del influjo moribundo

de una muerte

anunciada y ciega.