De grillos y cuervos

Te vacías de grillos y cuervos,

disruptiva, unilateral,

de intenciones y argumentos,

destensando el cerebro,

de cimientos y plenilunios,

de gatos de garaje y arrabal.

Pensé en decirte una palabra:

piedra,

puñal,

o quizás hoy,

o quizás sal.

Pero esa palabra murió atascada,

bloqueada por grillos y cuervos,

por estrellas negras,

por miradas en el umbral.

Pensé en dedicarte un gesto,

caricia,

beso,

papel quizás,

o quizás señal,

grial de hiel o vino amargo,

indigesto teatro o ritual,

de este animal venido a menos,

descompuesto, trivial.

Te derramas en aspavientos,

disyuntiva, desigual,

de injurias vacilantes y duelos,

enturbiando el suelo y el cielo,

enhebrando el silencio

con teselas de pedernal.

Pensé en congelar el momento,

trance,

instante,

quizás lamento,

o quizás terminal,

voz clandestina de furtivo silencio,

verbo ilegítimo y glacial

que quedó colgando a las puertas

de una boca cosida a fuego,

de un agujero negro abisal.

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Tres cosas en mi vida solo quiero

Tres cosas en mi vida solo quiero,

amor sin medida,

comenzar de nuevo cada día,

y matar el miedo.

Ser auténtico, ser libre,

decir lo que pienso

pensar lo que siento,

un grito unánime,

de mis sentimientos,

que ya no me limita,

que sólo me invita

a soñar este sueño.

Tres cosas solo quiero,

el amor de mi vida,

la garantía indómita

de sentirme pleno,

perseguir una meta,

que nunca se alcanza,

y matar al que me mata

al que no me consuela,

a este fiel escudero

que cuando salto

me atrapa

y cuando caigo

me dilata

en el suelo.

Tres cosas solo quiero,

el amor por un lado,

por otro un hallazgo,

un atajo a mis sueños,

y por último un asesinato,

de este amo al que siervo

de este anónimo ingrato,

de este miedo enamorado

de mis esclavos silencios.

Deduces por mi silencio

Deduces por mi silencio

que en mí se suceden

implacables mis argumentos,

y brotan oscilantes,

como juncos anclados al suelo

que se sostienen desafiantes,

como un castillo de naipes

ante huracanado viento.

Pero no hay cálculo que valga

que soporte un sentimiento.

Quemante hoguera vacilante,

humo negro llenando un cielo

de un mundo que no obedece premisas,

imagen de un futuro incierto que me arrastre

en su caudal de azar, de prisas,

de estrellas que sin sosiego

me dejan ciego con su ceniza.

Súbito contraste,

antítesis de mi reflejo pendenciero

que deja con su brusco aliento

traspasando el margen de mi paisaje,

perfilando una verdad en el espejo,

que haga llover fuego

delante de mis ojos sangrantes.

 

Que llueva, que llueva fuego

de ahora en adelante.

Y que nadie me espere quieto,

que no habrá cómputos,

ni deducciones,

ni conjeturas,

ni hipótesis,

ni estadísticas,

ni mediciones,

ni baremos,

ni tasaciones,

que den cumplida presencia,

al dolor,

a la compasión,

al pesar,

a la ventura

al afecto,

al amor,

a la ternura,

a la pasión que sin desenfreno,

llena y desemboca sin rienda y sin brida,

en este momento de mi vida

que no pide consejo,

solo sentirse vivida.

Calvario

Enero es un frío, áspero sudario

que envuelve e inquieta mi alma,

mis exhumados recuerdos, mi rabia,

porque tu silencio es mi calvario,

mi sed de ti, mi mortaja.

Mi destino será mi Gólgota diario,

pues no hay castigo que valga,

el dolor que tanto me desgarra

de romperme en mil pedazos

cada vez que te miro a la cara.

Y yo mismo soy mi adversario,

mi propio verdugo, mi cizalla,

que quiere tu fusta, tu vara,

para sufrirte tan callando,

para vivirte tan canalla.

Todos los días miro mi cadalso,

mi patíbulo, mi tormento, mi daga,

para sentirte más mía, cercana,

por un momento serás mi sagrario,

en el que se inclinen mis palabras,

por un instante seré mercenario

que viva y muera por tus cábalas,

que vigile las blancas murallas,

de mi propio sepulcro legendario,

del que pueda resucitar mañana.

Calma que colma

Calma de agua que colma

el ruido interno

la negación constante,

despertar de hombre que roza

el dulce misterio,

el eterno instante,

¿es todo lo que todo asombra?

¿es todo un hecho?

¿es todo relevante?

Plenitud de agua que borras

y barres mi techo,

y te extiendes y me invades,

cúrvate en mí y reposa,

mójame muy dentro,

antes de que sea tarde.

Testigo íntimo que goza

de un lugar de privilegio,

de la lluvia que me parte

me envuelve y me desaloja,

haciendo de mis restos

húmeda presencia que arde.

Déjame naufragar en tus olas,

conjúgate en mis versos,

hazme inmortal entre mortales,

para ser el hombre que te nombra,

el mágico destello

calado hasta los huesos errantes.

Déjame soñarte a deshoras,

bañarme en tus besos,

mezclar mis lágrimas al llorarte,

principio, gota a gota,

intacto al desaliento,

último fin de todos los finales.

Insisto

Insisto con la música oculta tras el brillo

de distantes palabras,

porque en el silencio,

hasta un susurro puede parecer un grito.

Esta constante impaciencia que a veces domino

y a veces me domina

alienta al orgullo

a matar la cobardía del insolente latido

que aún vive sin permiso

en un “todavía”,

porque aún sé decir te quiero

aunque abrace el aire de una mentira

o la sombra de un recuerdo.

No puede lastimarme ya el olvido

porque ha quedado lejos.

Ignoro la cortesía que no siente alegría

y me arrodillo ante el sueño

que teje en sí mismo

el camino de mi vida.

Se agota la saliva en la lengua

pero aguanta la idea en el seno

del papel que lo vio nacer

como un nuevo día.

Sabe que aquí siempre tendrá un amigo

a pesar de las balas de silencio,

a pesar de la sangre engañada,

a pesar de las débiles manos

que arrancaron una rosa al desierto.