El brindis

Dejadme que brinde hoy por los atrapasueños,

por los delirios que resplandecen en los ojos de las lechuzas,

por la raíz del dolor

y los años roncos que me partieron por la cintura.

Por los decibelios que encontraron cobijo en mis huesos,

por la tristeza azul de tus ojos y la sonrisa permanente en las venas,

por el viento famélico que me tortura por las noches,

por los momentos revestidos de deseo,

por las ojeras que me trajo noviembre

y por los destellos de plata y ocre de enero.

Por las esclusas que debo pasar para verte,

por los relámpagos en mi sangre que como luces de neón

siempre suben la montaña en busca del trueno.

Por tu padre, por tu madre, por tus hermanos y por tus hijos,

por todos los ríos, por todos los desafíos,

por todos los desniveles del mundo entero,

por todo el calor consumido y por el frío.

Por las horas que se acaban y por las que nunca llegaron,

por las que nacen sin que sepamos por qué ni cuando,

por los que siembran cielos azules en grises cielos,

por las dudas, por las certezas,

por el amor que nos une,

por las humildes grandezas que después de años

nos siguen acompañando en nuestro camino.

Por todos los sueños que desearíamos ver cumplidos,

por las bienvenidas, por las despedidas,

por los daños, por las heridas que escuecen

y por aquellas que hace tanto tiempo cicatrizaron.

Dejadme que brinde hoy por la vida,

por tu vida, por mi vida, por nuestras vidas,

que un día se entrelazaron y aquí siguen

dándolo todo en este brindis para que recordemos

que este momento es simplemente perfecto

y que para vivir no hay secretos,

que en la mía ya solo hay cabida,

para toda la gente que quiero.

̴ Insomnio ̴

Áspero insomnio que duele a mi verbo,

a mis inacabados laberintos,

inciertos, blasfemos de polvo y espino,

ávidos de memorias y universos.

De tanta luz se desprendió el sentido,

de tanta bruma se malogró el reto

de sentirte, ardiente, con tu peso,

como parte de mi alma y mi destino.

Ya no quiero recorrer tu agonía

de alcoba vacía, de eterna sombra,

de copa derramada y tinta fría.

En esta hora de madrugada sobria,

de fiera tregua, de sangre precisa,

mi corazón devorará tus dogmas.

El cuervo sin ojos

Revélame los secretos de tus pájaros muertos,

de los miedos que no tienen nombre,

de tu latente piedra que despliega susurros,

de tus plumas rotas en pleno vuelo.

Sé que soñaste penumbras de ríos rojos,

de realidades ardiendo, oscuras,

que convirtieron el otoño en infierno

que enterraron tus huesos en sombras.

Desvélame con una canción de cuna,

de esas que tus cuervos lloran

en noches sin luna y sin anhelos

estrellándose en tus raíces ansiosas.

Rómpete en aire,

rómpete el cuello,

que escucharé tus huesos al quebrarse,

que  sorberé el tuétano de tus huesos.

Comeré tu carne,

beberé tus versos,

tu mohosa carne y tu doloroso esqueleto,

coagulada sangre,

abismos de tu alma que despellejo,

tus amores muertos,

tus cenizas,

tus sueños.

Regurgitaré las sombras de marchitas flores,

cristales de tu putrefacto cuerpo,

para clavar de nuevo mis uñas,

para sorber de nuevo tus sesos y tu nombre.

Resucitaré para ti mis más oscuros temores

para verte danzar con ojos ciegos,

bajo una lluvia de ausencias turbia

que se clavarán como negras traiciones.

Soñaré con ser cuervo sin ojos, arconte,

seré su amante, su fiel compañero,

para degustar tus entrañas, tus ataduras,

el alma negra que tan dentro escondes.