Deuda del alma

Desde que hallaste la manera

de transfigurar la primera sensación

en una invitación al amor

soy cadáver prisionero

de tu extraño modelo.

Quiero despojarme de la materia

compañera de vacíos

cargados de silogismos

causa-efecto sin sentido,

que ya no siento ni padezco,

que solo me queda

esta eléctrica impaciencia de vuelo,

ansias de ventanas abiertas

que anuncien resurrección:

deuda del alma

al cuerpo.

Anuncios

Resurrección

Músculos tensos, llenos de música,

hacen renacer el momento de insolencia

que ha engañado a la experiencia

con la antítesis de la finalidad,

antídoto contra la paciencia

que obliga a esperar

algo que no se sabe si vendrá.

Despliego la ciencia de la mortalidad

como alas de barro en plasma

y obligo a la conciencia a matar

en olor de casta santidad:

guerra santa contra la prudencia,

pena de muerte para la resurrección

de mi yo póstumo:

de arena que soy,

de polvo que fui,

de aire que seré,

de algo hay que morir,

por algo habría que nacer.

Yo ya he averiguado por qué.