̴ Sol de octubre ̴

Sol de octubre que aún calientas,

dame brío, dame fuerzas,

encárnate en mi piel,

sé mis respuestas,

que yo sólo sé que me despiertas

con la ilusión de verme sonreír

a pesar de las pesadas piedras

que llevo en mi corazón,

en mi maleta,

en el amargo querer compartir

todo aquello que me inquieta.

Sol de octubre que me entregas

esta finalidad, esta meta,

enciérrate en mí,

en mi alma resuelta

que juntos seremos la presencia

que encierra el otoño en la certeza

de su insaciable sed…

de belleza.

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El cuervo sin ojos

Revélame los secretos de tus pájaros muertos,

de los miedos que no tienen nombre,

de tu latente piedra que despliega susurros,

de tus plumas rotas en pleno vuelo.

Sé que soñaste penumbras de ríos rojos,

de realidades ardiendo, oscuras,

que convirtieron el otoño en infierno

que enterraron tus huesos en sombras.

Desvélame con una canción de cuna,

de esas que tus cuervos lloran

en noches sin luna y sin anhelos

estrellándose en tus raíces ansiosas.

Rómpete en aire,

rómpete el cuello,

que escucharé tus huesos al quebrarse,

que  sorberé el tuétano de tus huesos.

Comeré tu carne,

beberé tus versos,

tu mohosa carne y tu doloroso esqueleto,

coagulada sangre,

abismos de tu alma que despellejo,

tus amores muertos,

tus cenizas,

tus sueños.

Regurgitaré las sombras de marchitas flores,

cristales de tu putrefacto cuerpo,

para clavar de nuevo mis uñas,

para sorber de nuevo tus sesos y tu nombre.

Resucitaré para ti mis más oscuros temores

para verte danzar con ojos ciegos,

bajo una lluvia de ausencias turbia

que se clavarán como negras traiciones.

Soñaré con ser cuervo sin ojos, arconte,

seré su amante, su fiel compañero,

para degustar tus entrañas, tus ataduras,

el alma negra que tan dentro escondes.