23 de junio

Antes de que la noche más corta

sea cautiverio de tu boca invicta,

cubriré las horas más precisas

con derrotas que saben a preludio,

con el aroma que te embriaga

y te asombra,

con mi sonrisa canina

que a mis labios se asoma,

y te invita.

Me adentraré en tu maleza virgen,

en las flores ardientes que brotan,

de tu pecho caliente de rosa,

a las que mis manos se ciñen,

como rocas que respiran

y te nombran y te invocan.

Habitaré tu sangre tan roja,

seré tu saliva y tus gemidos,

recorreré el canal de tus sueños,

como barquero encendido.

Y viviré en tus sombras,

en aquellas más oscuras

que te encienden y te rozan

y te roban los sentidos.

Me abrirás tus puertas,

y tus latidos,

y yo seré tu luna llena,

la dulce hoguera que arda

en la noche más larga

que será la más corta

porque estarás conmigo.

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Reconciliación

Te has ido a la cama esta noche

dando un portazo de sábana y frío,

dejando entre nosotros terreno baldío,

esperando que el sueño funda los reproches.

Y yo, que no aguanto esas escenas

podría haberte lanzado  una réplica,

pero me refugio en el silencio de piedra,

y entrecierro mis ojos arrullado por tus quejas.

Y ahora que duermes y te miro

tu cuerpo dibujar de sirena tu silueta,

tu mueca de desprecio y tu boca resuelta,

que no paran de pedir guerra, desafío, conflicto,

mis manos te tocan en pregunta,

mientras tú te revuelves con rechazo,

y yo insisto bajo sábanas buscando el tacto,

con prudencia, con caricias en forma de duda.

Mis brazos te envuelven con ternura,

tú te arqueas hasta aceptarme y me aceptas,

y yo te envuelvo enlazándome mientras jadeas

dibujando tu cuerpo con mi cuerpo en tu cintura.

Y ya las sábanas son un dulce ovillo

que envuelven tus muslos apasionados

y me incitan y me devoran hasta hacerme daño

llevándome más allá de los dominios del olvido.

Nos doblamos con espasmo de juncos,

mecidos por el viento, huracán de deseo,

y me ciño lentamente a tu placer en descenso,

hasta saciar este momento, este instante único.

Yaces en este mar revuelto

de abrazos y sábanas calientes,

y te oigo murmurar una sonrisa silente,

una bendición, una blasfemia y un perdón encubierto.

La noche eligió el suicidio

La noche eligió el suicidio,
el lenguaje impreciso y el designio mortal
de cristal ardiente, de sueño huido,
de artificio y fuego real,
tatuaje en dos palabras dividido:
nunca jamás.
Y la almohada se tiñe de rojo,
almenara ceñida a tus ojos de metal,
donde veo ardiendo la mirada helada,
el ruido como profecía letal,
de un cuándo y un cómo,
un pudo ser y un nunca será.
Quizás los cuervos vengan a comer
mis despojos, a beber del mar
de mis gestos mis restos,
de mis lágrimas la sal,
para escupirme luego a la cara
los anhelos que nunca tuvieron aval.
Mis cicatrices ya no tendrán rostro,
tejerán telarañas en la noche circular,
en el tiempo después del tiempo,
en el desamor después de amar,
en mis entrañas y en mis huesos,
en mi reinado que fue irreal.
Mis huellas se convertirán en camino,
para todo aquel que venga detrás,
y despojado de todo vestigio,
mis derrotas ya no tendrán rival,
que mi memoria será prodigio,
que mis olvidos serán vanidad.
Prestaré a quienquiera mis oídos,
a todo aquel que quiera escuchar,
que se puede arrancar un principio,
en un ataque de realidad,
que ni es igual ni es lo mismo,
que un delirio de libertad.

Nocturna

Tu mirada ardiente, tu andar felino,
tus manos como rosas calientes,
tu corazón de noche y estío,
emergen de su retiro,
fuente de insomnios sombríos,
ilusión, delirio de alas inconsciente,
para ser tierra fértil en primavera y destino
de mis barcos sin nombre, veleros turbios
que ascienden suave y lentamente
por la llaga eterna de tu abismo.
Y me visto de tormentas,
embriagado de sueños peregrinos
para conquistar tus arrogantes almenas
con mis garras envueltas en suaves racimos
para abordar y hacer mía tu tronera
para ser uña y carne contigo
en esta noche perfecta,
en este embrujado espejismo,
de aspavientos y húmedas entregas,
de dulces brazos y abrazos en precipicio,
que con pasión se hunden y entierran
raíz en pliegue que llene el vacío
de tus ausencias muertas,
de tu lecho que ya es mío.