Desde mi atalaya

Te miraba desde mi atalaya interna, desde mis almenas lejanas, a tu horizonte de dominios absolutos, de curvas peligrosas, donde solo yo reconocía de forma intuitiva tus laberintos, la gravedad lunar que te habitaba. Mis ojos eran desventuras traspasando tu piel, obsidianas en tu busca, hurgando desesperadas en los recovecos de una palabra adherida a tu alma, ceñida a tu cuerpo como un ritual. Me flagelaba con tu innata propensión a la seducción, tierra fecunda donde pudieran germinar mis versos sin trabas. Y tu mirada, siempre fértil, que nunca se inclinó ante nadie, conmigo se inclinaba, invitándome a tatuarte un poema que supiera a ansia y fuego, a miel y agua.

Semilla

“La clave de tu futuro está escondida en tu vida diaria.”

Pierre Bonnard

Mi futuro es la semilla

plantada en el ahora,

esa magistral ola,

del día que culmina

en este momento

y da pie

a un nuevo comienzo.

Esquirla del pasado

que se incrusta e instiga,

me estimula e incita

a no quedarme parado,

olvidar lamentos,

sed de ser,

salir de contexto,

de la zona de confort

en la que nos hallamos,

y salir a por un presagio,

un augurio,

un crisol,

un laberinto,

un espejo,

comprender

que hoy será ayer

y el ayer no solo nos hace más viejos

sino más sabios.

̴ Insomnio ̴

Áspero insomnio que duele a mi verbo,

a mis inacabados laberintos,

inciertos, blasfemos de polvo y espino,

ávidos de memorias y universos.

De tanta luz se desprendió el sentido,

de tanta bruma se malogró el reto

de sentirte, ardiente, con tu peso,

como parte de mi alma y mi destino.

Ya no quiero recorrer tu agonía

de alcoba vacía, de eterna sombra,

de copa derramada y tinta fría.

En esta hora de madrugada sobria,

de fiera tregua, de sangre precisa,

mi corazón devorará tus dogmas.