Estar partido

Intuías en el cobre

con tus manos de escarcha

una raíz, una llaga,

un dolor que entonces

no podías entender.

Y yo me movía invisible,

incompleto,

arrancado por entero,

de cuajo,

de una tierra imposible

de soñar o de creer.

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¡No leer!

Hoy os advierto,

no me acerco hasta vosotros con mi voz más dulce y callada,

esa que huye quieta como un verso de amor.

Hoy no llego para ser caricia,

ni abrazo amable, ni alegre canción.

Hoy tengo la boca llena de alfileres

y mis manos, afiladas, derraman pasión.

Que hoy se me mueve algo por dentro porque no puedo poner nombres a lo incontenible,

a lo invisible,

a ese misterio de sangre estremecida,

oscura,

de abismos y anhelos que desarman y rompen estructuras,

que hoy solo soy una voz de líquido acero fundido, al rojo blanco,

alquimia,

tuétano ardiente que se despliega en la carne como raíz irresistible y atroz.

Y las palabras salen a borbotones,

queman,

como un vómito de espeso fuego que me abrasa la garganta pero que necesita hacerse cuerpo,

hacerse entrega,

y arañar vuestros oídos y vuestros ojos,

entrar en comunión con ese incendio lento

que haga arder vuestro corazón.

Quiero dejaros ciegos,

dejaros sordos con mi voz,

que ardamos juntos en este puto infierno

en el que seré vuestro,

pero en el que al fin,

con vosotros

podré ser

solo

yo.