¡No leer!

Hoy os advierto,

no me acerco hasta vosotros con mi voz más dulce y callada,

esa que huye quieta como un verso de amor.

Hoy no llego para ser caricia,

ni abrazo amable, ni alegre canción.

Hoy tengo la boca llena de alfileres

y mis manos, afiladas, derraman pasión.

Que hoy se me mueve algo por dentro porque no puedo poner nombres a lo incontenible,

a lo invisible,

a ese misterio de sangre estremecida,

oscura,

de abismos y anhelos que desarman y rompen estructuras,

que hoy solo soy una voz de líquido acero fundido, al rojo blanco,

alquimia,

tuétano ardiente que se despliega en la carne como raíz irresistible y atroz.

Y las palabras salen a borbotones,

queman,

como un vómito de espeso fuego que me abrasa la garganta pero que necesita hacerse cuerpo,

hacerse entrega,

y arañar vuestros oídos y vuestros ojos,

entrar en comunión con ese incendio lento

que haga arder vuestro corazón.

Quiero dejaros ciegos,

dejaros sordos con mi voz,

que ardamos juntos en este puto infierno

en el que seré vuestro,

pero en el que al fin,

con vosotros

podré ser

solo

yo.

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El cuervo sin ojos

Revélame los secretos de tus pájaros muertos,

de los miedos que no tienen nombre,

de tu latente piedra que despliega susurros,

de tus plumas rotas en pleno vuelo.

Sé que soñaste penumbras de ríos rojos,

de realidades ardiendo, oscuras,

que convirtieron el otoño en infierno

que enterraron tus huesos en sombras.

Desvélame con una canción de cuna,

de esas que tus cuervos lloran

en noches sin luna y sin anhelos

estrellándose en tus raíces ansiosas.

Rómpete en aire,

rómpete el cuello,

que escucharé tus huesos al quebrarse,

que  sorberé el tuétano de tus huesos.

Comeré tu carne,

beberé tus versos,

tu mohosa carne y tu doloroso esqueleto,

coagulada sangre,

abismos de tu alma que despellejo,

tus amores muertos,

tus cenizas,

tus sueños.

Regurgitaré las sombras de marchitas flores,

cristales de tu putrefacto cuerpo,

para clavar de nuevo mis uñas,

para sorber de nuevo tus sesos y tu nombre.

Resucitaré para ti mis más oscuros temores

para verte danzar con ojos ciegos,

bajo una lluvia de ausencias turbia

que se clavarán como negras traiciones.

Soñaré con ser cuervo sin ojos, arconte,

seré su amante, su fiel compañero,

para degustar tus entrañas, tus ataduras,

el alma negra que tan dentro escondes.