La huella

Sobrevivir al fuego y la demora,

descender del paraíso

para desarbolar en esta hora

la extraña esencia del destino,

tránsito que me abandona

y que busca otro sentido,

ser historia,

ser olvido,

dejar paso a la huella sonora

que corte el futuro como un cuchillo,

con un haz de luz vengadora

que ponga las cosas en su sitio.

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Para ser grande primero tienes que aprender a ser pequeño

Qué extraño es este mundo que devora

los pactos de sangre, los amigos reales,

cada guirnalda y cada premio que vale

el tiempo, el sueño y la demora,

por alcanzar la inalcanzable hora

del recuerdo imborrable que arde

en un instante de grandeza y hace

de este siervo honrar la memoria

del humilde cuya figura se entrona,

en un gran trono imparable,

que cuanto más pequeño más grande,

es el momento de ser más persona

es el reto de ganar a la historia,

después de muerto, perdida la sangre

y echado el resto sobre la carne

del olvido y de toda la escoria

que sólo quiere un momento de gloria,

mientras el esclavo se hace sable,

y clava un rayo en el cielo salvaje

y corta el tiempo mientras entona

un cántico, un aleluya que enarbola

un canto de esperanza que hable

de los desheredados que parten

de los miserables que  cortan

el futuro a pedazos, no las sobras,

sino la vida entera y tan grande,

desde abajo, desde la nada importante,

en cada momento, verso y estrofa.

No soy sólo la historia

“Lo que existe detrás nuestro y lo que existe delante de nosotros es algo insignificante comparado con lo que existe dentro de nosotros.”

Emerson

 

No soy sólo la historia

que vive detrás de mi vida,

polvo enamorado, ceniza,

resplandor de mi memoria.

No soy sólo la presencia

que alumbra este momento

que se desboca corriendo,

llegada, partida, esencia.

No soy sólo el presagio

ni el eco de lo que seré

ni el porvenir de mi alegría.

Soy todo lo que hago,

uno, ciento, hambre y sed,

raíz, entrega, herida.