Mis manos

Entre una intensa niebla

se dieron al mundo

y todo fue fugaz

como un sueño,

pero no de agua,

si no de llama,

no de pan,

si no de cielo.

¿Y qué significó todo ello?

¿Un ensayo de futuro?

¿Descanso, inciso,

señal o signo

de lo que nunca tendré?

Poco o mucho han vivido,

y aún palpitan en mi regazo

pidiendo sentirse vividas,

huir hacia un desorden olvidado,

como de estrellas,

como relámpagos.

Obedecen una voluntad

que vive por detrás de mí,

mucho más allá,

voluntad de tierra,

voluntad de sol,

voluntad del descanso

que solo da la materia.

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El rastro ígneo

El rastro ígneo de tu paso fugaz,

como un aleteo de párpado,

alumbra un instante mágico,

cincela en el aire un hambre voraz,

un presagio, el trance de un afán,

ansia de tenerte en mis brazos,

de marcarte a fuego cegado,

de hundirme en tu mundo abisal.

Pero no estás en el lapso crucial

y por mis deseos me arrastro,

buscando la huella, el retazo,

del envarado perfume animal.

¡Viento del sur, espuma de mar!

Desapareces cuando te alcanzo,

eres la sombra de ese remanso,

que se esconde de mí sin parar.

¡Arráncame este anhelo de sal!

de lágrima dulce, del quebranto

de soñar aguaceros en vano,

de soñar por soñar.

¡Arráncame este anhelo de azar!

de sirenas de pelo enmarañado,

de mañanas de azul verano,

de mañanas por tallar.

Entre todas las razones se hallará

una sola que me haga extraño,

y que no deja de hacerme daño,

pero ni una sola que me haga dudar.