Echando raíces en la hegemonía de las sombras

Sé que podría hacerlo, que podría crecer en sentido inverso, hacia dentro, echando raíces en la hegemonía de las sombras, y trepar por la lluvia como un depredador en celo. ¡Abrid! ¡Abridme las puertas! Diría al llegar al centro, allí donde mis principios itinerantes brotan, allí donde las piedras más grandes de mi alma tienen escondidas sus derrotas. ¡Abrid! Despojadme de mis pretextos, de mi desvencijada y atónita cordura. Dejadme a solas en esta invasión derrochadora donde las emociones moran junto a mi locura, donde el enemigo de la infelicidad flota, dotado de la ingravidez de una balanza sin memoria. ¡Abrid! ¡Os lo ruego! Dejadme por una vez ser invisible, intangible al desaliento y a la amargura. Sé que puedo hacerlo, que puedo seguir creciendo, que ahí dentro brota una esperanza instigadora, y no sé por qué, os hallo con una sonrisa, hermanados en la euforia de esa línea imprecisa que es la promesa de vida que augura un encuentro.

̴ Insomnio ̴

Áspero insomnio que duele a mi verbo,

a mis inacabados laberintos,

inciertos, blasfemos de polvo y espino,

ávidos de memorias y universos.

De tanta luz se desprendió el sentido,

de tanta bruma se malogró el reto

de sentirte, ardiente, con tu peso,

como parte de mi alma y mi destino.

Ya no quiero recorrer tu agonía

de alcoba vacía, de eterna sombra,

de copa derramada y tinta fría.

En esta hora de madrugada sobria,

de fiera tregua, de sangre precisa,

mi corazón devorará tus dogmas.