Llama y plenilunio

Alas con ojos de mirada en relieve

escriben en el aire

el diario de una visión

y cada sílaba corresponde a una nota

y cada nota corresponde a una canción.

Y tú, crees poder conquistar un abismo

con una falsa sonrisa y una flecha al corazón.

Pero qué lejos estás de comprender

La mezcla de llama y plenilunio

que arde en todo mi ser

con alma de trueno.

Asciendo por un entramado de latidos

que detiene la noche cuando yo quiero.

Camino por el espacio que llenan

las yemas de unos dedos que rasgan nubes.

Arranco estrellas en forma de labios

y los voy tirando al azar

como besos de la ira, cayendo,

con la furia que da el deseo.

Y tú, crees poder enfrentarte al infinito

con la misma mirada que un pez en un acuario.

Qué lejos estás de comprender

esta mezcla de llama y plenilunio,

esta pulsación, este despliegue,

esta fuente de lava,

esta columna de fuego

en la que se baña mi alma

cada vez que sueño.

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El lenguaje de tu cuerpo encendido

Como quien enciende un signo de interrogación,

te delineo con la mirada inquieta, atenta,

íntima de sonidos y puntos suspensivos,

creando un nuevo lenguaje que te reta,

que te hechiza y te aprieta a la ley de mi corazón.

Quieta,

mira lo que te hago con la ternura de mis manos,

con las yemas que te besan como letras,

esbozando sobre tu piel palabras de amor

que insinúan, que expresan una gesta,

o un gesto de ausencias y contenido dolor.

Quieta,

disfruta de este intervalo que aprieta el paso,

en el que un segundo es una vida concreta

que necesita expresarse, ser lengua y guión,

partitura, papel mojado, que se borra y se apresta

a ser de nuevo agarrado y hacerte temblar de amor.

Quieta,

gime en una sílaba infinita, sintagma quebrado,

mientras mi cuerpo se hace pájaro y se adentra

plena de poesía, de prosa y de canción,

en tu oscuro territorio de diptongos e hiatos,

donde yo acentúo tu carne con toda mi pasión.

Quieta,

sé mía, morfema que da sentido a mi lexema,

a esa parte de mí que crece en toda su extensión

y te abarca y te penetra en la sintaxis de tu alma inquieta,

para ser contigo sustantivo, verbo y núcleo que quema

tu boca concreta en esta ardiente oración.

Quieta,

enrédate, conjúgate en mis versos sin ninguna razón,

rompe mis esquemas, escribe con tus uñas y apuesta

todo tu cuerpo a ser adverbio, adjetivo o conjunción

que se encresta en los pronombres y manifiesta

hasta exclamar gritando una interjección.

Ven

No puedo acallar la voz

de este instantáneo pájaro de fuego

que aparece en el cristal oscuro tan seductor

susurrando cien incendios con mis dedos,

                                                        ven.

Si en el espejo azul sediento

mi torpe piel de cordero se hace león,

garra cruel que inunde el cálido hueco forastero

te arrancará una sílaba a dentelladas del corazón,

                                                        ven.

Deja que me hunda en tu balcón,

que me exilie a diario entre tus besos

que rompa mis estrellas en pedazos de sol

que sea el color de tu sangre y de tus sueños,

                                                        ven, ven.

Tu vigilia será mi jaula ardiendo

tus gemidos espigas que caigan con mi hoz

cuando irrumpa con violencia en tus adentros

seré huérfano, seré padre, seré Dios,

                                                   ven, ven, ven.

Nudos desatados en el silencio,

moribundos entregados sin aliento y sin razón,

agua saciada de todo el tiempo herido, escurriendo,

que descanse al fin en un sueño reparador,

                                                        ven, ven.

Déjame que duerma en tu pecho,

que mis cenizas en este momento sean excepción,

que mis murmullos sean sólo gesto nocturno de viento

que contengan una sola palabra de amor,

                                                        ven.

Febrero

Febrero ya se desliza a manos llenas,
rompe a hielo el cielo de mis recelos,
y me condena a mirarte desde lejos,
sin poder tocarte, sin alcanzarte apenas.

Y tu palabra es el oscuro canto de sirena,
que me hechiza y me germina en deseos,
que se cuela en la sangre de mis anhelos,
que inunda lenta mis rincones y venas.

Serás la esfinge donde ardan mis desvelos,
acantilado de un mar adverso en la orilla,
donde rompan mis palabras como el fuego.
Lluvia, tormenta y trueno de donde vengo,
secreto milagro que se revela en consignas
donde unos labios mueran por mis versos.

Nocturna

Tu mirada ardiente, tu andar felino,
tus manos como rosas calientes,
tu corazón de noche y estío,
emergen de su retiro,
fuente de insomnios sombríos,
ilusión, delirio de alas inconsciente,
para ser tierra fértil en primavera y destino
de mis barcos sin nombre, veleros turbios
que ascienden suave y lentamente
por la llaga eterna de tu abismo.
Y me visto de tormentas,
embriagado de sueños peregrinos
para conquistar tus arrogantes almenas
con mis garras envueltas en suaves racimos
para abordar y hacer mía tu tronera
para ser uña y carne contigo
en esta noche perfecta,
en este embrujado espejismo,
de aspavientos y húmedas entregas,
de dulces brazos y abrazos en precipicio,
que con pasión se hunden y entierran
raíz en pliegue que llene el vacío
de tus ausencias muertas,
de tu lecho que ya es mío.

Si tu piel besa mi boca

Si tu piel besa mi boca y danza
al compás de mi destreza,
y abandonas todas tus corazas,
y me abrazas sin delicadeza,
dejándote llevar, lenta, presa,
de mi sangre, de mi aliento, de mi raza,
no temas, descansa durante un segundo,
en mi mundo que te hace entrega
de un mensaje sin rumbo y sin traza,
de estas manos que trenzan el futuro
alrededor de tu belleza,
de mi firmeza por darte caza,
de mi nobleza que teje quimeras,
anhelos que reemplazan tristezas,
para que tus ojos ya no lloren cielos,
que tu cuerpo sea mi templo de certeza
donde mis besos ya no aplazan
el quiebro,
que se reinventan para ser piezas
elementales en este juego,
en esta plaza tejida a fuego,
en la sutileza de mi verdad que acierta
en tu centro, y avanza,
y ya no espera,
porque es el momento,
nuestro momento de grandeza,
de perfecta sincronía que incendia,
y prende con crudeza y despedaza
y arranca de tu carne sin lindezas
lo que tú esperas y yo sueño.

 

Anduve tanto tiempo

Anduve tanto tiempo que me olvidé de volar,

y el heredero huyó,

llevándose sólo lo que podía llevar:

una única verdad y un disfraz de Dios.

Y el deseo se convirtió en el hijo bastardo del amor

y creyó poder reclamar el presente en propiedad.

Pero yo he leído entre las líneas de sus manos

y sé que miente,

nada es suyo por completo

y el futuro, es de su hermano.

Ladrón de delirios

Me lanzas tus palabras con gesto seductor,

yo recojo el guante y te persigo, no transijo,

como si mi destino fuera hacer de tu piel

mi acertijo, la letra de mi canción.

Y vuelo detrás de ti como si fuera dragón,

ladrón de delirios en fuga, te busco, te enfilo,

y tú me lanzas un guiño como una red,

estilo y una insinuante proposición.

Tu movimiento de caderas es provocación,

lo cual me quita el sentido, te busco y sigo,

como un blanco designio que guardaré

mientras viva en mi oscuro corazón.

Busco asilo en el vientre de mi sinrazón,

quiero que muerdas el polvo que elijo,

quiero ser tu tirano, tu camino, tu sed,

quiero ser fijo de tu piel un dictador.

Y por fin te rindes a este satírico bribón,

te entregas para hacer de ti mi cobijo,

para morir en mis garras de placer,

para ser delirio de grandeza y blasón.

Sacarás de mí sin duda mi mejor versión

para llenar tu clímax de un intenso alijo

que estalle con inmensa furia para satisfacer

lo que yo elijo en este instante: a ti, mi amor.

El abrazo del oso

Lejos de saciar mis ansias

en locura me enajenas,

es tortura que me asombra

es el hambre que me devora,

celda donde hallo tu sonrisa,

nostálgica cazadora de sombras,

huyes cuando te aproximas,

te acercas cuando estás rabiosa,

y en mis fantasmales besos de rosa

te cobijas, te enciendes sola,

y le robas a mis huesos

de viejo oso en celo

un abrazo y una derrota,

limosna de besos huecos,

latidos que se desbocan,

sueño del sueño que deprisa

llega y me implora

que me derrita en tu boca traviesa,

que te atraviese en esta hora

en la que tú eres mi presa

y yo tu carnívora presencia,

tu voraz depredador de diosa.