Ladrón de delirios

Me lanzas tus palabras con gesto seductor,

yo recojo el guante y te persigo, no transijo,

como si mi destino fuera hacer de tu piel

mi acertijo, la letra de mi canción.

Y vuelo detrás de ti como si fuera dragón,

ladrón de delirios en fuga, te busco, te enfilo,

y tú me lanzas un guiño como una red,

estilo y una insinuante proposición.

Tu movimiento de caderas es provocación,

lo cual me quita el sentido, te busco y sigo,

como un blanco designio que guardaré

mientras viva en mi oscuro corazón.

Busco asilo en el vientre de mi sinrazón,

quiero que muerdas el polvo que elijo,

quiero ser tu tirano, tu camino, tu sed,

quiero ser fijo de tu piel un dictador.

Y por fin te rindes a este satírico bribón,

te entregas para hacer de ti mi cobijo,

para morir en mis garras de placer,

para ser delirio de grandeza y blasón.

Sacarás de mí sin duda mi mejor versión

para llenar tu clímax de un intenso alijo

que estalle con inmensa furia para satisfacer

lo que yo elijo en este instante: a ti, mi amor.

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Reivindico la locura

Reivindico la locura como el único camino

que ha de seguir la espuma del azar

en su afán de equilibrio,

desnudando el impulso,

desarmando el destino

que se interpone entre el fuego de tus ojos

y mi amarga sonrisa de amor fugitivo.

Reivindico la locura como el último sentido

que ni se atreven a sospechar tus labios,

que creen que todo es lo mismo,

la luz de la esperanza

o la sombra de los desconocido,

en un estúpido juego de torpes palabras

que nunca encuentran su sitio.

Reivindico la locura

y la locura soy yo mismo.

Hoy, 3 de Mayo, un loco se ha perdido

esperando el milagro furtivo

de verte resucitar a mi lado

de tu vida tan ajena.

Y no hay nada más lejano que la espera.

Universo

Un universo espera al acecho

latiendo a escondidas

por el aire que respiras

detrás de un velo de misterio,

disfrazando la impaciencia

con una sonrisa de más

y una palabra de menos,

susurrando fuego

cuando la luz se va

y la noche se hace secreto,

inundándonos en un reflejo

orgulloso y forastero,

hirviendo en la memoria

como un primer beso.

Y nada podrá detener el aguacero

que descansa en las hojas

escurriendo lágrimas

que se estrellan en el suelo.

Nadie podrá evitar el temporal

que se avecina por momentos,

desmantelando el infierno

como última voluntad,

arrojando al vacío negro

el muro de los lamentos

y todo vestigio de crueldad,

ennobleciéndose la cabeza

que alguna vez llegó a pensar

que quedará abolida la tristeza

el día que tú llegues a amar.

Sorprendo al pensamiento

en el pensamiento mismo de hablar

y expresando el sentimiento

que nunca pretendí abandonar

avalo la avalancha

de palabras sin final

que se alzan como el trueno

en una tormenta inmortal.

Y cada recuerdo se hace espeso

envenenando la libertad

que sólo quiso presenciar

la muerte del silencio.

Amanece,

está amaneciendo.

Y el tiempo nos devuelve la mirada

sabiendo que nunca volverá.