Amor mío

Amor mío,

llévate contigo mi alma a trozos descarnada

limpia de pensamientos,

con un solo sentimiento

que lo llena.

Y póntela como si fuera una prenda:

vístete con ella,

duerme con ella.

Es tuya.

Llévate contigo la esencia de mi esencia,

mi nostalgia, mi presencia, mi memoria

y sueña conmigo.

En tu ausencia seré invierno, desierto,

cauce seco,

abismo.

Vuelve con la primavera.

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Deuda del alma

Desde que hallaste la manera

de transfigurar la primera sensación

en una invitación al amor

soy cadáver prisionero

de tu extraño modelo.

Quiero despojarme de la materia

compañera de vacíos

cargados de silogismos

causa-efecto sin sentido,

que ya no siento ni padezco,

que solo me queda

esta eléctrica impaciencia de vuelo,

ansias de ventanas abiertas

que anuncien resurrección:

deuda del alma

al cuerpo.

Esencia

Por las grietas de octubre

se escapa el tiempo herido,

la húmeda nostalgia, el vacío,

y el consuelo inherente, unido,

a veces dulce, a veces amargo,

a veces tan extraño y perdido.

Y pronuncio los nombres de todo,

como algo insólito, como un niño,

como si una palabra fuera conjuro,

esencia y presencia, hechizo,

que hace salir de su letargo,

el extracto, el alma, el sentido.

Digo corazón y siento la máquina,

el latir acuoso, el ingrato litigio,

el agujero negro, el negro pozo,

donde se hilvanan mis sinsentidos,

y descansan ilusiones y asombros,

miedos, agobios, ruidos.

Digo manos, y estas me miran

como si no fueran conmigo,

con las palmas boca arriba,

como si buscaran cobijo,

y solo encontraran preguntas,

ruegos, aprensivos designios.

¡No quiero sólo palabras!

¡No quiero envoltorios vacíos…!

que al pronunciar se escapan,

sólo quiero la entraña, el hilo,

que cose e hilvana la esencia

con su idea última, su sino.

Quiero lo que quiere el poeta,

el pronombre, sin sufijos,

el pronombre que nombre,

el nombre más preciso,

la alquimia selecta,

volátil, del destino,

alma del alma que pesa,

lo que pesa un suspiro,

alma del alma que besa,

en una palabra

un infinito.

Microrrelato – El árbol

Ahora que todos los poetas duermen me he sentado, alma contra alma, en tu tronco. Vuelvo a mis raíces, buscando el sutil abrazo de tus ramas tiernas, el bello aroma de las hojas que se mezclan en un nocturno canto. Apuesto mi vida entera a que puedes escucharme, a que el arrullo del viento que danza en tu copa me habla y me seduce con su murmullo.

Aquí te conté mis secretos, de niña ajada y rota, de lágrimas bruscas, de señales y cicatrices que como a ti, adornan tu corteza como un pespunte hilvanado de risas con tristezas. Vacilante adolescente que siempre volvía a buscarte, a contarte mis andanzas de corazón impreciso y desnudo, en los nombres de amores ocultos al mundo. En el perfume de mis ansias se asentó un lucero de esperanza baldía, verde profundo, como tu copa que estremecida aguantaba mis proclamas con estoica y cristalina paciencia.

Y ahora, ya madura, ya convertida en deseo, en flor de lava, en madre, en aurora ardiente que mira a tus hojas como se mira al cielo, te estrecho y me desnudo de nuevo el alma entera, y mis palabras, ya sin prisa, ya sin el quebranto del destello de ninguna duda se despiertan de nuevo y se presentan ante ti como una hilera de negras hormigas que suben hasta tocar el cielo que tú siempre rozas. Y me miras y te siento velar por mí como siempre has hecho. Y pienso, ahora sí. Ahora sí, mi árbol. Ahora sí que puedo.

Insolente

Quisiera ver renacer la primavera en tu mirada

desenterrarte de la tierra que cubre tu presente

y que desvivas y desalmes todo lo que sientes,

que desmontes tu armadura y tus palabras,

que deshagas el desatino del destino que miente

y te alces en incendios, inestable, incoherente,

que te incorpores de tu apoltronado mantra,

que grites inquietudes, que mates indolentes,

insurgente de la vida que espera inminente

esa gran sonrisa insolente que abriga tu alma.

El muro

Quebrado el abanico de las posibilidades

no termino nunca de despojarme

de las palabras que me atan,

que en un continuo vaciarme

se pudren en mi alma.

Hice un muro alrededor

y no pensé en lo que dejaba fuera.

Me seducía la secreta razón

de una visión de lo imposible

que hizo su nido en mi corazón

cerrando la puerta a lo posible.

Y ahora camino entre dos mundos

sin perder de vista mis visiones,

poniendo en duda

mi criadero de cánones y fugas.

Y es que no se pueden sacar conclusiones

y aplicarlas a la conducta

como si la vida estuviera formada

por ecuaciones sin solución.

Calvario

Enero es un frío, áspero sudario

que envuelve e inquieta mi alma,

mis exhumados recuerdos, mi rabia,

porque tu silencio es mi calvario,

mi sed de ti, mi mortaja.

Mi destino será mi Gólgota diario,

pues no hay castigo que valga,

el dolor que tanto me desgarra

de romperme en mil pedazos

cada vez que te miro a la cara.

Y yo mismo soy mi adversario,

mi propio verdugo, mi cizalla,

que quiere tu fusta, tu vara,

para sufrirte tan callando,

para vivirte tan canalla.

Todos los días miro mi cadalso,

mi patíbulo, mi tormento, mi daga,

para sentirte más mía, cercana,

por un momento serás mi sagrario,

en el que se inclinen mis palabras,

por un instante seré mercenario

que viva y muera por tus cábalas,

que vigile las blancas murallas,

de mi propio sepulcro legendario,

del que pueda resucitar mañana.