¿Presa o lobo?

Tal vez me oigas decir alguna vez

que ya no sé qué quiero,

que deseo caer en la amenaza

de la carne inflexible,

del presagio fácil.

¿Ser presa o ser lobo?

Ni uno ni otro.

Tengo que recorrer mis abismos

en rápidos escorzos

para abrirme paso entre espejos

que reflejan sombras,

para hallar el espacio y la materia

que buscan unos labios sobre otros.

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Estorba el enlace

Estorba el enlace provocado

entre la forma y el acto,

entre el infinito de una mirada

y unos labios al hablar.

La apariencia obedece al tacto,

las palabras resbalan perdiendo identidad.

El tiempo no engaña,

sólo alimenta la parodia

solapando los fantasmas antes de matar.

La madrugada se opone a la lógica.

Las leyes no se dictan,

se hacen sobre la marcha,

o se olvidan…

Que descansen en paz.

Prefiero sostenerme en medio de la anarquía

de unos brazos que apenas me conocen

y de unos pasos que no sé adónde van.

Creo en el delirio

de un sonido que se pierde a la deriva

como una escalera al cielo,

como un puente en el mar.

Pido hora para nacer subiendo,

pido hora para nacer de día.

Pido tierra, agua, viento y sal,

masticando la marea de la vida,

reanudando la carrera

antes de tensar el arco

y disparar.

Sobrevivirá la espuma,

no la roca,

y el final de la ligadura

vendrá mezclado

de salvaje ternura,

en el umbral de un sueño,

de piadoso fuego

y azar.

Y todo caerá alegre,

en silencio,

con la sonrisa de la muerte

del movimiento exhausto

que debe detenerse

delante del rey animal.

El muro

Quebrado el abanico de las posibilidades

no termino nunca de despojarme

de las palabras que me atan,

que en un continuo vaciarme

se pudren en mi alma.

Hice un muro alrededor

y no pensé en lo que dejaba fuera.

Me seducía la secreta razón

de una visión de lo imposible

que hizo su nido en mi corazón

cerrando la puerta a lo posible.

Y ahora camino entre dos mundos

sin perder de vista mis visiones,

poniendo en duda

mi criadero de cánones y fugas.

Y es que no se pueden sacar conclusiones

y aplicarlas a la conducta

como si la vida estuviera formada

por ecuaciones sin solución.

Resurrección

Músculos tensos, llenos de música,

hacen renacer el momento de insolencia

que ha engañado a la experiencia

con la antítesis de la finalidad,

antídoto contra la paciencia

que obliga a esperar

algo que no se sabe si vendrá.

Despliego la ciencia de la mortalidad

como alas de barro en plasma

y obligo a la conciencia a matar

en olor de casta santidad:

guerra santa contra la prudencia,

pena de muerte para la resurrección

de mi yo póstumo:

de arena que soy,

de polvo que fui,

de aire que seré,

de algo hay que morir,

por algo habría que nacer.

Yo ya he averiguado por qué.

Llama y plenilunio

Alas con ojos de mirada en relieve

escriben en el aire

el diario de una visión

y cada sílaba corresponde a una nota

y cada nota corresponde a una canción.

Y tú, crees poder conquistar un abismo

con una falsa sonrisa y una flecha al corazón.

Pero qué lejos estás de comprender

La mezcla de llama y plenilunio

que arde en todo mi ser

con alma de trueno.

Asciendo por un entramado de latidos

que detiene la noche cuando yo quiero.

Camino por el espacio que llenan

las yemas de unos dedos que rasgan nubes.

Arranco estrellas en forma de labios

y los voy tirando al azar

como besos de la ira, cayendo,

con la furia que da el deseo.

Y tú, crees poder enfrentarte al infinito

con la misma mirada que un pez en un acuario.

Qué lejos estás de comprender

esta mezcla de llama y plenilunio,

esta pulsación, este despliegue,

esta fuente de lava,

esta columna de fuego

en la que se baña mi alma

cada vez que sueño.

Vértigo

Un vértigo ignorado ha venido a darme su mano

para echar por tierra la costumbre y proclamar

una absurda sensación de pérdida de perspectiva

que me deja desarmado.

Delante del vendaval del mundo canto y bailo

al abrigo de la noche compañera de pecados

porque esta vez quiero gritar al diablo

¡muerte al pensamiento

que me mantiene prisionero sin pensar!

Las palabras segarán espigas como rayos

pero tú no vendrás.

Las palabras arderán de marzo a mayo

pero tú no vendrás.

No, ya sé que no vendrás,

porque sólo acudes al engaño.

No estoy dispuesto a esperar milagros

ni falsas revelaciones en la líneas de mis manos,

no estoy dispuesto a traicionar

todo lo que soy por todo lo que amo.

No hay más testigos que valgan

ni más silencio, ni más palacios,

que cada uno piense lo que quiera

o que haga de su capa un sayo.

Las palabras morderán el aire a bocados

pero tú no vendrás.

Las palabras cruzarán corazones extraños

pero tú no vendrás.

No, ya sé que no vendrás

porque sólo acudes al engaño.

Y haré de tripas corazón

y del corazón saldrá un pájaro

dispuesto a salir volando

sobre la memoria de otro yo.

Y al margen de que todo sea soñado

fingiré no darme cuenta de la edad

ni del viejo reloj de arena acelerado

que entreteje piedras a mi lado

sin soltar lastre nunca más.

Y porque sé que no vendrás

quizás acuda yo al engaño

para que las palabras arranquen

un beso de tus labios.

Desenlace

He roto lazos con lo previsible

pues me muevo en tierra de nadie

como un ángel invisible

que lo ve todo y nada sabe.

Y todo lo que existe no es todo lo pensable:

cabe todo en tu mirada

y eso me hace vulnerable

a cada palabra hecha carne,

a cada enigma sublime

madre de mis sueños,

sangre de mi sangre:

¿cometa en tránsito

o estrella fija?

¿abismo en duda

o cielo que arde?

¿Quién sabe?

Rectilíneo, mi camino es lento;

improviso, pero no pretendo

pararme ni un momento

delante de tu imagen.

Y los días van recobrándose

con celeridad de esperanza

con infinitos que renacen,

con un azul de mañana,

¿ficción invasora

o simplemente arte?

¿reflejo del instinto

o reflejo del instante?

¿Quién sabe?

A ciegas me entrego,

placer de vuelo:

desenlace.

Insisto

Insisto con la música oculta tras el brillo

de distantes palabras,

porque en el silencio,

hasta un susurro puede parecer un grito.

Esta constante impaciencia que a veces domino

y a veces me domina

alienta al orgullo

a matar la cobardía del insolente latido

que aún vive sin permiso

en un “todavía”,

porque aún sé decir te quiero

aunque abrace el aire de una mentira

o la sombra de un recuerdo.

No puede lastimarme ya el olvido

porque ha quedado lejos.

Ignoro la cortesía que no siente alegría

y me arrodillo ante el sueño

que teje en sí mismo

el camino de mi vida.

Se agota la saliva en la lengua

pero aguanta la idea en el seno

del papel que lo vio nacer

como un nuevo día.

Sabe que aquí siempre tendrá un amigo

a pesar de las balas de silencio,

a pesar de la sangre engañada,

a pesar de las débiles manos

que arrancaron una rosa al desierto.