̴ Insomnio ̴

Áspero insomnio que duele a mi verbo,

a mis inacabados laberintos,

inciertos, blasfemos de polvo y espino,

ávidos de memorias y universos.

De tanta luz se desprendió el sentido,

de tanta bruma se malogró el reto

de sentirte, ardiente, con tu peso,

como parte de mi alma y mi destino.

Ya no quiero recorrer tu agonía

de alcoba vacía, de eterna sombra,

de copa derramada y tinta fría.

En esta hora de madrugada sobria,

de fiera tregua, de sangre precisa,

mi corazón devorará tus dogmas.

̴ Sol de octubre ̴

Sol de octubre que aún calientas,

dame brío, dame fuerzas,

encárnate en mi piel,

sé mis respuestas,

que yo sólo sé que me despiertas

con la ilusión de verme sonreír

a pesar de las pesadas piedras

que llevo en mi corazón,

en mi maleta,

en el amargo querer compartir

todo aquello que me inquieta.

Sol de octubre que me entregas

esta finalidad, esta meta,

enciérrate en mí,

en mi alma resuelta

que juntos seremos la presencia

que encierra el otoño en la certeza

de su insaciable sed…

de belleza.

∼ Eco ∼

Sólo queda el eco sombrío de amarte,
la palabra sorda, la palabra muda,
el rencor en cada esquina de mi piel,
que te aguarda con amarga inquina,
el beso del aire denso que se conjura
para reclamar tu cuerpo y sus espinas.

Sólo nos queda el viaje a ninguna parte,
la mirada esquiva, la mirada curva,
así que hagamos un trato en el papel:
no soñaré ni un minuto más de ningún día
ni con tu templo erigido a las dudas
ni con tu dolorosa, parca sonrisa fugitiva.

Porque ya no quiero arder,
no quiero ser contigo,
solo quiero volver,
reencontrarme,
ser testigo,
renacer,
ser desafío,
proclamarme,
monarca, canciller,
rebelde y dios vencido,
y romper a volar, correr, crecer.

Que sólo quede el eco de que una vez
te amé sin guión ni partituras,
que traté de calmar tu sed
pero tu sed no entiende de enigmas,
que sólo vivía de conjeturas
que en mi vida ya no tienen sitio.

Esencia

Por las grietas de octubre

se escapa el tiempo herido,

la húmeda nostalgia, el vacío,

y el consuelo inherente, unido,

a veces dulce, a veces amargo,

a veces tan extraño y perdido.

Y pronuncio los nombres de todo,

como algo insólito, como un niño,

como si una palabra fuera conjuro,

esencia y presencia, hechizo,

que hace salir de su letargo,

el extracto, el alma, el sentido.

Digo corazón y siento la máquina,

el latir acuoso, el ingrato litigio,

el agujero negro, el negro pozo,

donde se hilvanan mis sinsentidos,

y descansan ilusiones y asombros,

miedos, agobios, ruidos.

Digo manos, y estas me miran

como si no fueran conmigo,

con las palmas boca arriba,

como si buscaran cobijo,

y solo encontraran preguntas,

ruegos, aprensivos designios.

¡No quiero sólo palabras!

¡No quiero envoltorios vacíos…!

que al pronunciar se escapan,

sólo quiero la entraña, el hilo,

que cose e hilvana la esencia

con su idea última, su sino.

Quiero lo que quiere el poeta,

el pronombre, sin sufijos,

el pronombre que nombre,

el nombre más preciso,

la alquimia selecta,

volátil, del destino,

alma del alma que pesa,

lo que pesa un suspiro,

alma del alma que besa,

en una palabra

un infinito.

De grillos y cuervos

Te vacías de grillos y cuervos,

disruptiva, unilateral,

de intenciones y argumentos,

destensando el cerebro,

de cimientos y plenilunios,

de gatos de garaje y arrabal.

Pensé en decirte una palabra:

piedra,

puñal,

o quizás hoy,

o quizás sal.

Pero esa palabra murió atascada,

bloqueada por grillos y cuervos,

por estrellas negras,

por miradas en el umbral.

Pensé en dedicarte un gesto,

caricia,

beso,

papel quizás,

o quizás señal,

grial de hiel o vino amargo,

indigesto teatro o ritual,

de este animal venido a menos,

descompuesto, trivial.

Te derramas en aspavientos,

disyuntiva, desigual,

de injurias vacilantes y duelos,

enturbiando el suelo y el cielo,

enhebrando el silencio

con teselas de pedernal.

Pensé en congelar el momento,

trance,

instante,

quizás lamento,

o quizás terminal,

voz clandestina de furtivo silencio,

verbo ilegítimo y glacial

que quedó colgando a las puertas

de una boca cosida a fuego,

de un agujero negro abisal.

El rastro ígneo

El rastro ígneo de tu paso fugaz,

como un aleteo de párpado,

alumbra un instante mágico,

cincela en el aire un hambre voraz,

un presagio, el trance de un afán,

ansia de tenerte en mis brazos,

de marcarte a fuego cegado,

de hundirme en tu mundo abisal.

Pero no estás en el lapso crucial

y por mis deseos me arrastro,

buscando la huella, el retazo,

del envarado perfume animal.

¡Viento del sur, espuma de mar!

Desapareces cuando te alcanzo,

eres la sombra de ese remanso,

que se esconde de mí sin parar.

¡Arráncame este anhelo de sal!

de lágrima dulce, del quebranto

de soñar aguaceros en vano,

de soñar por soñar.

¡Arráncame este anhelo de azar!

de sirenas de pelo enmarañado,

de mañanas de azul verano,

de mañanas por tallar.

Entre todas las razones se hallará

una sola que me haga extraño,

y que no deja de hacerme daño,

pero ni una sola que me haga dudar.

Deduces por mi silencio

Deduces por mi silencio

que en mí se suceden

implacables mis argumentos,

y brotan oscilantes,

como juncos anclados al suelo

que se sostienen desafiantes,

como un castillo de naipes

ante huracanado viento.

Pero no hay cálculo que valga

que soporte un sentimiento.

Quemante hoguera vacilante,

humo negro llenando un cielo

de un mundo que no obedece premisas,

imagen de un futuro incierto que me arrastre

en su caudal de azar, de prisas,

de estrellas que sin sosiego

me dejan ciego con su ceniza.

Súbito contraste,

antítesis de mi reflejo pendenciero

que deja con su brusco aliento

traspasando el margen de mi paisaje,

perfilando una verdad en el espejo,

que haga llover fuego

delante de mis ojos sangrantes.

 

Que llueva, que llueva fuego

de ahora en adelante.

Y que nadie me espere quieto,

que no habrá cómputos,

ni deducciones,

ni conjeturas,

ni hipótesis,

ni estadísticas,

ni mediciones,

ni baremos,

ni tasaciones,

que den cumplida presencia,

al dolor,

a la compasión,

al pesar,

a la ventura

al afecto,

al amor,

a la ternura,

a la pasión que sin desenfreno,

llena y desemboca sin rienda y sin brida,

en este momento de mi vida

que no pide consejo,

solo sentirse vivida.

Calvario

Enero es un frío, áspero sudario

que envuelve e inquieta mi alma,

mis exhumados recuerdos, mi rabia,

porque tu silencio es mi calvario,

mi sed de ti, mi mortaja.

Mi destino será mi Gólgota diario,

pues no hay castigo que valga,

el dolor que tanto me desgarra

de romperme en mil pedazos

cada vez que te miro a la cara.

Y yo mismo soy mi adversario,

mi propio verdugo, mi cizalla,

que quiere tu fusta, tu vara,

para sufrirte tan callando,

para vivirte tan canalla.

Todos los días miro mi cadalso,

mi patíbulo, mi tormento, mi daga,

para sentirte más mía, cercana,

por un momento serás mi sagrario,

en el que se inclinen mis palabras,

por un instante seré mercenario

que viva y muera por tus cábalas,

que vigile las blancas murallas,

de mi propio sepulcro legendario,

del que pueda resucitar mañana.

Calma que colma

Calma de agua que colma

el ruido interno

la negación constante,

despertar de hombre que roza

el dulce misterio,

el eterno instante,

¿es todo lo que todo asombra?

¿es todo un hecho?

¿es todo relevante?

Plenitud de agua que borras

y barres mi techo,

y te extiendes y me invades,

cúrvate en mí y reposa,

mójame muy dentro,

antes de que sea tarde.

Testigo íntimo que goza

de un lugar de privilegio,

de la lluvia que me parte

me envuelve y me desaloja,

haciendo de mis restos

húmeda presencia que arde.

Déjame naufragar en tus olas,

conjúgate en mis versos,

hazme inmortal entre mortales,

para ser el hombre que te nombra,

el mágico destello

calado hasta los huesos errantes.

Déjame soñarte a deshoras,

bañarme en tus besos,

mezclar mis lágrimas al llorarte,

principio, gota a gota,

intacto al desaliento,

último fin de todos los finales.