Donde mis manos te invocan

Donde mis manos te invocan

con clamor de relámpagos, 

donde lo impredecible prefiere

un flamígero destello incipiente

a un chispa tenue en noche rota.

¿Signo? Signo no, huella.

¿Delirio? Delirio no, quimera.

Hasta que la mitad de mis pliegues

venzan a mis antiguas derrotas,

con fragor de estrellas declaro,

en desorden transfigurado,

que hoy, contigo, es la hora.

¿Canto? Canto no, piedra.

¿Sangre? Sangre no, tierra.

Que mi alma abra sus puertas

y que mi cuerpo pida tu boca

cuando pronuncie tu nombre

en este aljibe que tanto rebosa 

ahora que nada y todo importa.

¿Gesto? Gesto no, seña.

¿Cuerpo? Cuerpo no, materia.

De los labios del mundo brotan

alas, paraísos apremiantes que urgen

a la fragilidad de la memoria

a que me dejen ser Aquiles,

Ares envuelto en piel agónica.

¿Deuda? Deuda no, quiebra.

¿Victoria? Victoria no, vendetta.

Vendetta del aquí y del ahora

que mira a los ojos del destino

y provoca un vértigo de acantilado,

de caverna donde las sombras

son solo sábanas tristes

que simplemente recuerdan.

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