Reconciliación

Te has ido a la cama esta noche

dando un portazo de sábana y frío,

dejando entre nosotros terreno baldío,

esperando que el sueño funda los reproches.

Y yo, que no aguanto esas escenas

podría haberte lanzado  una réplica,

pero me refugio en el silencio de piedra,

y entrecierro mis ojos arrullado por tus quejas.

Y ahora que duermes y te miro

tu cuerpo dibujar de sirena tu silueta,

tu mueca de desprecio y tu boca resuelta,

que no paran de pedir guerra, desafío, conflicto,

mis manos te tocan en pregunta,

mientras tú te revuelves con rechazo,

y yo insisto bajo sábanas buscando el tacto,

con prudencia, con caricias en forma de duda.

Mis brazos te envuelven con ternura,

tú te arqueas hasta aceptarme y me aceptas,

y yo te envuelvo enlazándome mientras jadeas

dibujando tu cuerpo con mi cuerpo en tu cintura.

Y ya las sábanas son un dulce ovillo

que envuelven tus muslos apasionados

y me incitan y me devoran hasta hacerme daño

llevándome más allá de los dominios del olvido.

Nos doblamos con espasmo de juncos,

mecidos por el viento, huracán de deseo,

y me ciño lentamente a tu placer en descenso,

hasta saciar este momento, este instante único.

Yaces en este mar revuelto

de abrazos y sábanas calientes,

y te oigo murmurar una sonrisa silente,

una bendición, una blasfemia y un perdón encubierto.

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