El súper

 

Voy en el coche camino a casa. Marco el teléfono de mi mujer con el “manos libres”. Una, dos, me contesta a la tercera:

-Hola cariño, ¿ya has salido?

-Sí, ya voy. Oye, ¿hay que comprar algo en el súper? Ya sabes que me pilla de paso. Por si quieres que pare a comprar algo para la cena.

-Compra algo de pan, jamón, tomate… algo así, no te compliques. Por cierto ¿te has enterado del atentado que ha habido en París?

-No, no sabía nada. ¿Qué ha pasado? Parece ser que un yihadista se ha parado en los Campos Elíseos, ha sacado un arma y ha matado a un policía al menos. Luego lo han abatido, pero parece ser que la Policía está buscando cómplices.

-Bufff, ¡madre mía! ¡Y el domingo son las elecciones en Francia!

-Ya ves. Esos quieren influir en las elecciones. Bueno, cielo, te espero en casa entonces.

-Vale. Venga, pues un beso, enseguida voy.

Cuelgo mientras voy llegando al parking del súper. Lo dejo en la superficie. Es amplio y a esta hora de la tarde no hay mucho ajetreo. La gente con familia suele ir a comprar los fines de semana, pero nosotros aún no tenemos hijos así que puedo ir a cualquier hora en la que los demás estarán preparando cenas, poniendo lavadoras y demás tareas domésticas que irremediablemente deben hacer unos buenos padres de familia.

Tomo un par de bolsas del maletero de mi coche. Son reciclables. Hay que estar en toda clase de detalles para cuidar el planeta. Mi mujer dice que soy un ecologista extremo. Tengo en casa un cubo para cada tipo de basura perfectamente ordenado y con un color diferente.

Dentro no hay mucha gente. Una pareja joven, varias mujeres solas, dos moros y algún que otro hombre que, como yo, se para a comprar algunas cosas antes de llegar a casa. He tomado un pequeño cesto con ruedas, en la cual he introducido mis bolsas. Me paro en las frutas y verduras. Elijo tomates ecológicos. Llevo una temporada que cuido también esos detalles. Un poco de jamón ibérico, del bueno, yogures bio, una caja de cereales, una barra de pan y un vino de Rioja, un buen crianza que riegue el estómago y nos deje un inmejorable sabor de boca.

Me acerco a la caja mientras coloco todos los productos. Voy detrás de la pareja que ha llegado antes a la caja. Detrás de mí se colocan los moros. Putos muros. Están mirando el jamón y el vino que he dejado sobre la cinta transportadora con ojos acusadores. Que estoy en mi país, ¡coño! No sabéis lo que os perdéis.

La cajera ha cobrado junto con los artículos de la pareja que tenía delante la caja de cereales de mi compra.

-Disculpa, eso no es nuestro -le indica el hombre.

-Por favor, coloquen una barra separadora entre las compras -nos dice la cajera al resto, sabiendo que se dirige a mí.

¡Puta sudaca! Encima se atreve a hacerme un reproche. Si había dejado distancia suficiente para distinguir una compra de la otra. Es que no se enteran. Parecen retrasados.

Ya es mi turno y va pasando los artículos uno a uno. Tengo una bolsa dentro de la otra y la saco, pero una de ellas se me cae. Uno de los moros me la recoge del suelo. Por un momento he pensado que me la quería quitar. Me la tiende. La agarro en silencio y meto el resto de artículos. Pago y digo buenas tardes. Ninguno dice nada. ¡Putos moros y puta sudaca! ¡No tienen ninguna educación!

Meto las bolsas en el maletero del coche y me coloco en el sitio del conductor. Arranco, pero me entretengo un instante a mirar el móvil, por si mi mujer ha dejado algún whataspp con alguna cosa pendiente por comprar. No hay mensajes. Por la ventanilla del coche veo pasar a los dos moros. No me había fijado lo suficiente, pero no son jóvenes. Ambos deben rondar los cincuenta años. Puede que menos. No sé por qué pero no puedo evitar pensar en los atentados de París y elucubro que estos podrían ser yihadistas. Me entra miedo. Es un miedo irracional, ya lo sé, pero hace que salga con prisa del parking. De hecho no he querido ni mirarles al pasar a su lado.

Llego a casa con la compra. Le doy un beso escueto en los labios mientras me dedico a colocar la compra. Mi mujer ha puesto el telediario. Están hablando del atentado.

“Un policía ha resultado muerto y otros dos han resultado gravemente heridos en un atentado que ha tenido lugar hoy a las siete de la tarde, hora local en los Campos Elíseos de París. El atentado ha sido reivindicado por Estado Islámico. Otros dos policías abatieron a tiros al individuo que quedó muerto en la acera de la emblemática avenida. Una turista, que se encontraba en el lugar de los hechos, ha sido herida también con carácter leve y se encuentra aún hospitalizada. El presidente de Francia, François Hollande, ha confirmado el carácter terrorista del ataque minutos antes de conocerse la autoría del grupo terrorista a través de la agencia Amaq, cercana a los extremistas.”

-Estos, lo que quieren es influir en las elecciones del domingo -dice mi mujer.

-Seguramente lo que quieren es que la gente vote a Marine Le Pen, de la extrema derecha, así podrían seguir justificando sus ataques.

-Pues yo no sé cómo alguien con dos dedos de frente podría votar a la extrema derecha. Son xenófobos hasta la médula y contradicen claramente el espíritu de Francia: Libertad, Igualdad y Fraternidad. Además este año tienen varios candidatos.

-La verdad, yo tampoco lo entiendo, ni entendería que pudiera pasar algo así aquí.

Digo estas últimas palabras mientras coloco el tomate cortado en rodajas sobre el pan recién cortado y el jamón tan bueno encima y sirvo dos copas de vino. No hay nada como un buen vino para hacer pasar el mal trago de las imágenes que acabamos de ver del atentado en París.

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